+ Vikingos +

«Era durante estos largos y peligrosos viajes cuando esa estirpe
sembraba el terror entre sus enemigos de la vieja Europa»

La fuerte complexión que habían heredado y la rudeza a la que se habituaron desde la misma cuna eran la evidente consecuencia de la crudeza y austeridad de sus territorios de procedencia. Y el ansia de saqueo y rapiña que los movía no era más que el efecto principal que derivaba de las complejidades de vivir en sus propias tierras, cuyas superficies constantemente nevadas y heladas impedían cualquier tipo de cultivo o conreo, dificultando la supervivencia de una forma que el resto de regiones meridionales ni siquiera podían imaginar. Por ese motivo, durante la época de verano se echaban a la mar en busca de territorios que atacar para poder regresar a sus hogares con distintivos presentes que llevaran a sus familias a la riqueza.

Viajes de terror

Y era realmente en estos largos y peligrosos viajes cuando esa estirpe sembraba el terror entre sus enemigos de la vieja Europa —que ellos llamaban Nordurhálfa—: pues llegaron a asolar las costas de toda Inglaterra y el norte de Francia, e incluso navegaron hasta lo más profundo del antiguo y sagrado Mare Nostrum. Se los llegó a conocer como bárbaros salvajes y despiadados que destruían pueblos enteros, matando a sus habitantes o llevándoselos como esclavos; saqueaban iglesias y monasterios, y pirateaban los mares con total impunidad. Pero no eran demonios, sino hombres que surgieron de tribus y clanes que ocupaban varios territorios diseminados a lo largo y ancho de los tres reinos norteños que posteriormente constituirían la Unión de Kalmar: el reino de Dinamarca, el reino de Noruega y el reino de Suecia.

De ellos se decía que no conocían el miedo, pues no se intimidaban ante nada ni nadie, y nunca pareció que entendieran el significado de la palabra compasión; pues para ellos no había mayor honor que morir luchando y, de esta forma, ser dignos de habitar la morada de su gran dios Odín hasta el fin de los tiempos. Si morir luchando era honroso, matar al enemigo en una batalla era otorgarle la gloria eterna; por lo que, en dicha creencia, no había lugar para la piedad. En definitiva, la casta de los vikingos fue durante tres largos siglos el enemigo más temible de todos los pueblos europeos, quienes huían ante su presencia y se amedrentaban con la mera expresión de su nombre. No se recuerda pueblo más cruel y desalmado en los anales de la historia.

Navegantes y exploradores

Así quedó escrito: Célebres se hicieron en el mundo entero, y se enriquecieron gracias al pillaje y al saqueo. Pero si esos implacables guerreros fueron en algo reconocidos a parte de por su ferocidad en las batallas, fue, sin duda, debido a su incontestable capacidad para navegar y explorar nuevos horizontes; así como la enorme eficacia que demostraban al conquistar toda porción de tierra en que decidían desembarcar. Se dice que antes del descubrimiento del Nuevo Mundo, actualmente conocido como América, la estirpe vikinga ya había navegado por sus mares y recorrido sus orillas. Aunque para muchos continúe siendo una mera teoría, lo cierto es que para nada ensombrece el apabullante éxito que tuvieron aquellos pueblos en sus largos y arriesgados viajes, sus numerosas incursiones hostiles y, sobre todo, en sus famosos descubrimientos de nuevas tierras.

Sin embargo, que el hallazgo del continente americano fuera o no un hecho histórico, no es lo que hoy me interesa contar, sino una mágica epopeya que se relata en el desconocido Edda Medio. Habla la leyenda de una tierra al margen del mundo que, entre brumas y tempestades, se mostraba a ínfimos marineros. Una tierra que no tenía nombre, que ha permanecido olvidada durante siglos y de la que se cuentan historias extraordinarias. Un lugar de cuya existencia apenas se tenía constancia hasta hace pocos años. Un lugar al que también llegaron ellos. La última isla que conquistaron los vikingos.

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