+ … Tierra +

«Si se sigue irritando al monte, arrancando sus materias primas y robando sus maravillosos tesoros, nadie cuidará de nosotros cuando estalle su furia»

-Al llegar, encontraron picos y otras herramientas en el suelo, y también restos de ropa destrozada además de algunas manchas de sangre en la superficie y la pared.

»Bjorn tuvo la sensación de que las dimensiones de la galería habían cambiado, como si nuevos recovecos y agujeros se hubiesen abierto donde antes solo había roca lisa.

»Una mujer se fijó en la presencia de marcas en las piedras descubriendo restos de uñas desgarradas en los muros de la galería, como si algo los hubiese arrastrado con una furia indomable.

»Nada más se supo de aquellos hombres… Sus apenadas mujeres vieron pasar los inviernos a su espera, hasta perder toda esperanza de volver a verlos. El miedo las consumió tanto a ellas como a Bjorn, quien después de aquel suceso fue dejándose perder por sus delirios, permitiendo que la enfermedad se lo llevara a él también hasta que un día simplemente desapareció y nada más se supo de él.

»Al fin y al cabo, quizás la Montaña también reclamara al único minero que se le había escapado. Aquel día, la TIERRA engulló a todas esas personas, impartiéndoles la más terrible de las muertes.

Ocaso del oro

—Afortunadamente algo positivo derivó de aquella desgracia: el cierre de las minas. Mina Alta fue clausurada, como lo había sido un año antes su hermana inferior.

»Los habitantes más viejos y sabios decidieron prohibir la entrada a las cuevas y galerías, así como la extracción de cualquier tipo de mineral de la Montaña. Declararon que aquellas desapariciones no eran más que avisos que ofrecían las divinidades para procurar que finalizara esa aberración contra el Monte del Oro.

»Decían: Si se sigue irritando al monte, arrancando sus materias primas y robando sus maravillosos tesoros, nadie cuidará de nosotros cuando estalle su furia.

»Esa fue una de las razones por las cuales se temía, y sigue temiéndose tanto, a la Montaña.

»Quedó así terminantemente vedada la entrada a las cavernas, por lo que la actividad de los mineros tuvo que repartirse en otras labores. En su gran mayoría se hicieron agricultores, cazadores y ganaderos. Así pues, la caza y la pesca ganaron adeptos, y el comercio se acrecentó notablemente debido a la necesidad de materias primas que ahora ya no podían sustraerse de la Montaña.

»El renombre que había alcanzado la aldea se desvaneció, pues ya no poseían metales para el intercambio con otros pueblos. Y como consecuencia de las prohibiciones de extracción y búsqueda de oro la aldea perdió a gran parte de su población, cuyo único interés por Solem Montoro era la ambiciosa obtención de aquel valioso mineral.

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