+ El Huérfano +

«Se creía que era huérfano, dado que había llegado al pueblo de muy joven:
con apenas seis años y sin ningún tipo de acompañante»

Un día, según me describieron, un cálido torsdag1 de inicios de primavera, un joven llamado Trud no salió a orar; o en otras palabras: faltó a su principal obligación como habitante de Solem Montoro.

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31. Primera Vida

«Mi primera vida, quizás por ser la más profunda, es también la que más me duele.
Es tanto la más difícil de recordar, como la que más me cuesta integrar»

Oskar dice que está bien que me centre en la historia de mis sueños… a la que he titulado «El Sueño del Huérfano», pero que me ayudará si, de vez en cuando, voy escribiendo también sobre otros asuntos.

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+ El Sueño del Huérfano +

No existe mejor título para bautizar cómo se produjo el sueño de mi primera vida; de cómo se construyó la fantasía de esa primera identidad.

Durante diez años encerrado en este hospital he tenido mucho tiempo libre… libre, qué irónico. Durante diez años he gozado de tiempo suficiente como para transcribir algunas de las marañas que se aglomeran en mi mente… A lo largo de todo ese tiempo escribí un libro apoyándome en las extrañas percepciones y visiones que me sobrevenían. Ahora ya sé que no eran solo visiones… Ni tampoco delirios o alucinaciones, tal y como les gustaba creer aquí. Siempre he sabido, en realidad, que eran algo más. Por sostener eso, entre otras cosas, me encerraron aquí.

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30. A la luz de la vela

«Por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen».

Tú eres muchas personas. Y no digo que has sido muchas personas, porque no estoy haciendo referencia al pasado. No hablo de otras vidas, sino de todas las identidades de esas vidas confluyendo en la actual. Así es cómo funciona: somos todas esas vidas en este mismo momento… solo que no queremos recordarlo. Creemos que enloqueceríamos. Y llamamos locos a aquellos que dicen experimentar esa sensación.

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11. El Arte de Volar (2a Parte)

«El ser humano siempre quiso volar, y cuando uno descubrió cómo hacerlo,
el resto lo tachó de loco e impidió que lo hiciera.»

Daba igual las formas que emplearan los psiquiatras y terapeutas, o el personal de enfermería…, no hubo manera de hacerle ver que esos vuelos los imaginaba él, que todos esos viajes nocturnos los creaba su cabeza. Porque él sencillamente respondía que sí, que también todas las percepciones de los médicos procedían de sus cabezas, y que él no los juzgaba por eso. Era un enfermo difícil, no por agresivo, sino porque, a pesar de estar medicado, conservaba sorprendente agilidad mental y, a menudo, por sus afinadas respuestas parecía más listo que el personal médico. Por eso nadie conseguía derrotar sus delirios a través de la lógica, ni aplacar sus alucinaciones sin que él les diera la vuelta y los hiciera replantearse si no estarían todos alucinando también con él.

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10. El Arte de Volar (1a Parte)

«Él quería vivir, pero no anclado en el suelo como el resto de humanos,
sino flotando entre las nubes.»

Se llamaba Nicomen Pronddi, pero todo el mundo lo conocía como Nico. Desde muy pequeño soñó con ser capaz de volar como los pájaros. Él estaba seguro de que lo iba a lograr, pues sólo tenía que esperar a que le crecieran las alas. O quizás sin ellas, como Superman. Poco le duró esa inocente fantasía, lo justo para que sus padres le contaran la verdad: él era un niño humano, y los humanos no tenían alas ni volaban vestidos con capas rojas. Desde aquel día, Nico empezó a aborrecer dos cosas: los límites de los adultos, y el mismo hecho de ser persona.

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