31. Primera Vida

«Mi primera vida, quizás por ser la más profunda, es también la que más me duele.
Es tanto la más difícil de recordar, como la que más me cuesta integrar»

Oskar dice que está bien que me centre en la historia de mis sueños… a la que he titulado «El Sueño del Huérfano», pero que me ayudará si, de vez en cuando, voy escribiendo también sobre otros asuntos.

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29. El día en que morí por última vez

«Prefiero narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo
el desgarrador dolor de morir recordándola a ella…»

Oskar me ha pedido que le hable de mi primera madre… pero me niego a ello. Todavía no estoy preparado para ir tan atrás en mi memoria de esta última vida… Todavía no quiero. Quizás sea porque es esta, la más cercana, también la más dolorosa.

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26. Cambio de mirada

«Cuando se nos llama enfermos automáticamente se nos está reconociendo como seres incompletos, rotos, o peores que los «sanos» Se nos mira como si estuviésemos mal.»

Como he dicho, por aquel entonces yo ya estaba rozando un estado de demencia preocupante, cada vez más desconectado de la realidad irreal de aquel lugar. Por decirlo de otro modo, estaba perdiendo la línea de consciencia que mantenía mi sensación de que mi cuerpo físico estaba encerrado en un psiquiátrico.

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25. Nuevo Matamentes

«Me estaba volviendo loco. Y eran aquellos que supuestamente se encargaban de curar
mi locura, los que estaban consiguiendo ahogarme en ella…»

Oskar… ay, Oskar… Hoy voy a hablar de ti.

Lo cierto es que cuando entró en el hospital no me causó buena impresión. Es normal teniendo en cuenta que, para entonces, él pertenecía al enemigo: lo presentaron como el nuevo psiquiatra, experto en tratar todo tipo de esquizofrenias, aunque su juventud y el porte despreocupado que gastaba le daban un aspecto poco habitual entre sus iguales. Primero pensé que se trataba de otro paciente, y cuando supe quién era, pensé que ya habían caído las vendas y comenzaban a aceptar que estaban peor ellos que nosotros.

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24. La paradoja del recuerdo

«Puedes continuar creyéndote la historia que te empujó a ser quien crees que eres,
o reinventarla para imaginarte distinto.»

Sostengo que no quiero recordar, pero aquí dentro no hay mucho más por hacer. O recuerdas el ayer o anticipas el mañana… y ambas cosas vienen a ser lo mismo: juguetear con la imaginación. A veces he pensado que estar encerrado es una oportunidad para revisar hechos del pasado con el fin de reformularlos para que duelan menos… Ahora no creo que sea una opción: estar encerrado te obliga a recordar. Te fuerza a revivir y repensar. Puedes continuar creyéndote la historia que te empujó a ser quien crees que eres, o reinventarla para imaginarte distinto. Y, créeme que, si eres capaz de imaginarte distinto, significa que ya eres distinto.

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