30. A la luz de la vela

«Por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen».

Tú eres muchas personas. Y no digo que has sido muchas personas, porque no estoy haciendo referencia al pasado. No hablo de otras vidas, sino de todas las identidades de esas vidas confluyendo en la actual. Así es cómo funciona: somos todas esas vidas en este mismo momento… solo que no queremos recordarlo. Creemos que enloqueceríamos. Y llamamos locos a aquellos que dicen experimentar esa sensación.

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29. El día en que morí por última vez

«Prefiero narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo
el desgarrador dolor de morir recordándola a ella…»

Oskar me ha pedido que le hable de mi primera madre… pero me niego a ello. Todavía no estoy preparado para ir tan atrás en mi memoria de esta última vida… Todavía no quiero. Quizás sea porque es esta, la más cercana, también la más dolorosa.

Preferiría narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo el desgarrador dolor de morir recordándola a ella… Y eso me dispongo a hacer: explicaros cómo morí a mi anterior identidad, y cómo nací como Hèctor Sóiel.

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28. Sustituta de madre

«Gracias a ella volví a odiar a un ser humano. Y lo digo como algo positivo,
porque el odio que le dirigí me permitió volver a sentir.»

En aquella época, desvanecido mi ángel y su hija Liliane, y muerta la bibliotecaria Dora, el único contacto social mínimamente cercano, que no afectuoso, era mi madre adoptiva: Lourdes. Ella había perdido a un marido y un hijo… Pero yo había perdido mucho más, aunque todavía no lo recordara.

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A. Ginnungagap

«Algunos lo llaman La Fuente, la Nada, o Dios,
pero básicamente todos tratan de poner nombre a Lo Innombrable»

No se puede hablar del Ginnungagap. Intentarlo es un desafío inabarcable. El Ginnungagap es el vacío, por lo que en lugar de palabras sería más apropiado dejar este espacio en blanco para tratar de describirlo. En vez de sonido, sería ideal el silencio. La más pura eternidad del instante presente, mejor que suscribirla a la línea del Tiempo. La Nada sería más ajustada y fiel que llenar este texto con todo lo que se me ocurra. Por eso, cualquier intento de descripción jamás se aproximará un ápice al Ginnungagap en si mismo.

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27. Guardián de Historias

«Aún estaba plenamente encarnado en este cuerpo humano,
limitado además por las viejas estructuras de mi cuadriculada mente.»

Oskar me ha pedido que continúe explicando qué ocurrió después de que Liliane me encomendara ocuparme de la biblioteca. Imagino que quiere entender cómo llegué a alcanzar la inmortalidad si, por aquel entonces, todavía era incapaz de considerar que un conjunto de libros pudieran abarcar los secretos de la Eternidad… Muy sencillo: cuando murió Dora y Liliane apareció ante mi, yo todavía no era inmortal. Mi espíritu sí lo era, por supuesto… Todos lo son. Pero no mi cuerpo. Aún no.

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26. Cambio de mirada

«Cuando se nos llama enfermos automáticamente se nos está reconociendo como seres incompletos, rotos, o peores que los «sanos» Se nos mira como si estuviésemos mal.»

Como he dicho, por aquel entonces yo ya estaba rozando un estado de demencia preocupante, cada vez más desconectado de la realidad irreal de aquel lugar. Por decirlo de otro modo, estaba perdiendo la línea de consciencia que mantenía mi sensación de que mi cuerpo físico estaba encerrado en un psiquiátrico.

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25. Nuevo Matamentes

«Me estaba volviendo loco. Y eran aquellos que supuestamente se encargaban de curar
mi locura, los que estaban consiguiendo ahogarme en ella…»

Oskar… ay, Oskar… Hoy voy a hablar de ti.

Lo cierto es que cuando entró en el hospital no me causó buena impresión. Es normal teniendo en cuenta que, para entonces, él pertenecía al enemigo: lo presentaron como el nuevo psiquiatra, experto en tratar todo tipo de esquizofrenias, aunque su juventud y el porte despreocupado que gastaba le daban un aspecto poco habitual entre sus iguales. Primero pensé que se trataba de otro paciente, y cuando supe quién era, pensé que ya habían caído las vendas y comenzaban a aceptar que estaban peor ellos que nosotros.

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24. La paradoja del recuerdo

«Puedes continuar creyéndote la historia que te empujó a ser quien crees que eres,
o reinventarla para imaginarte distinto.»

Sostengo que no quiero recordar, pero aquí dentro no hay mucho más por hacer. O recuerdas el ayer o anticipas el mañana… y ambas cosas vienen a ser lo mismo: juguetear con la imaginación. A veces he pensado que estar encerrado es una oportunidad para revisar hechos del pasado con el fin de reformularlos para que duelan menos… Ahora no creo que sea una opción: estar encerrado te obliga a recordar. Te fuerza a revivir y repensar. Puedes continuar creyéndote la historia que te empujó a ser quien crees que eres, o reinventarla para imaginarte distinto. Y, créeme que, si eres capaz de imaginarte distinto, significa que ya eres distinto.

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23. Bibliotecario

«Una biblioteca es un universo que trasciende el tiempo,
donde convergen historias del pasado y del futuro más allá de cualquier límite.»

¿Y qué podría hacer yo en todo esto? Dijiste que tu libro hablaba de mi, ¿no?

Sí, pero solo al final. Hiciste algo que, en lugar de mejorar la situación, terminó por empeorarla. Sin embargo, tengo ciertas esperanzas. Aunque no puedo contarte demasiado al respecto… o corremos el riesgo de alterar la historia alternativa que he imaginado. Y si no la he escrito es porque, principalmente, existen demasiadas posibilidades de que pueda alterarse.

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22. El Fin (de la Imaginación)

«Nadie escribe nada, son las propias vidas vividas
las que deciden transcribirse a si mismas para inmortalizarse.»

Lo sé, lo leí en la biografía de la bibliotecaria, Dora. ¿Qué tienes que decirme?

Hay un libro que he estado escribiendo… Aún no lo he terminado, pero habla de ti –aseguró, poniéndome los pelos de punta–. Aunque en mi imaginación eres algo mayor, así que aún no tienes la edad del personaje del que he escrito. Todavía tienes tiempo.

¿Tiempo para qué?

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