+ El Sueño del Huérfano +

«Eran los fragmentos de un pasado enterrado que se arremolinaban entre las lagunas llenas de imágenes y vivencias de mis otras once vidas.»

No existe mejor título para bautizar cómo se produjo el sueño de mi primera vida; de cómo se construyó la fantasía de esa primera identidad.

Durante diez años encerrado en este hospital he tenido mucho tiempo libre… libre, qué irónico. Durante diez años he gozado de tiempo suficiente como para transcribir algunas de las marañas que se aglomeran en mi mente… A lo largo de todo ese tiempo escribí un libro apoyándome en las extrañas percepciones y visiones que me sobrevenían. Ahora ya sé que no eran solo visiones… Ni tampoco delirios o alucinaciones, tal y como les gustaba creer aquí. Siempre he sabido, en realidad, que eran algo más. Por sostener eso, entre otras cosas, me encerraron aquí.

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30. A la luz de la vela

«Por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen».

Tú eres muchas personas. Y no digo que has sido muchas personas, porque no estoy haciendo referencia al pasado. No hablo de otras vidas, sino de todas las identidades de esas vidas confluyendo en la actual. Así es cómo funciona: somos todas esas vidas en este mismo momento… solo que no queremos recordarlo. Creemos que enloqueceríamos. Y llamamos locos a aquellos que dicen experimentar esa sensación.

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29. El día en que morí por última vez

«Prefiero narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo
el desgarrador dolor de morir recordándola a ella…»

Oskar me ha pedido que le hable de mi primera madre… pero me niego a ello. Todavía no estoy preparado para ir tan atrás en mi memoria de esta última vida… Todavía no quiero. Quizás sea porque es esta, la más cercana, también la más dolorosa.

Preferiría narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo el desgarrador dolor de morir recordándola a ella… Y eso me dispongo a hacer: explicaros cómo morí a mi anterior identidad, y cómo nací como Hèctor Sóiel.

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28. Sustituta de madre

«Gracias a ella volví a odiar a un ser humano. Y lo digo como algo positivo,
porque el odio que le dirigí me permitió volver a sentir.»

En aquella época, desvanecido mi ángel y su hija Liliane, y muerta la bibliotecaria Dora, el único contacto social mínimamente cercano, que no afectuoso, era mi madre adoptiva: Lourdes. Ella había perdido a un marido y un hijo… Pero yo había perdido mucho más, aunque todavía no lo recordara.

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