+ Prólogo +

«Todo empezó allá donde nada nunca termina»

A finales del siglo VIII después de Jesucristo, concretamente en el año 793, el mundo antiguo fue azotado por una amenaza y un desafío que nadie pudo haber imaginado antes. La vieja Europa descubriría el verdadero significado del terror. Mientras que el antiguo continente se recuperaba de las enormes batallas que, durante siglos, habían enfrentado a diferentes razas y pueblos, un pequeño monasterio de la isla de Lindisfarne, al noroeste de Inglaterra, fue asaltado y saqueado.

Ese hecho no habría tenido mayor repercusión si no se hubiera tratado de una terrible humillación (y peor ofensa) al respeto que toda persona civilizada procuraba hacia los recintos religiosos. Fue tan particular hecho, precisamente, el que marcó el comienzo de la Era Vikinga.

La Era Vikinga

Aquella repentina contingencia, así como las demás que siguieron, lo primero que dejaron patente fue el claro propósito de aquellas tribus sanguinarias… Tesoros y riquezas a toda costa, quebrantando todo límite moral y ético, para demostrar a los demás pueblos que eran capaces de insultar al mismísimo Dios cristiano para conseguirlos. En verdad, si había una raza superior a las otras en cuanto al arte de la guerra, esa era la casta de los Hombres del Norte, cuyas víctimas los conocían con el nombre de vikingos.

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