+ Ocaso de una Era +

«Fueron solo tres siglos, pero de una intensidad y relevancia
que cambiaron la historia de gran parte de los pueblos europeos»

Con el tiempo, también el mundo exterior fue cambiando… Algunos dirán que avanzaba, otros, que regresaba hacia sus oscuros orígenes; pero lo cierto es que la era vikinga ya declinaba y, sobre el año 1066 d. C., con la victoria de Guillermo el Conquistador en la Batalla de Hastings —empresa con que logró el trono de Inglaterra— y, posteriormente, el frustrado intento de Svend de Dinamarca, en el 1068 d. C., de usurparle dicho trono, la época de apogeo de los fieros y célebres vikingos se dio por concluida. Fueron solo tres siglos, pero de una intensidad y relevancia que cambiaron la historia de gran parte de los pueblos europeos.

Ahora bien, a pesar de que dicha fecha marcara el fin de su expansión, se cree que muchos de los antiguos integrantes de esos ejércitos se convirtieron en mercenarios sin honor ni ley, que, a bordo de sus navíos, siguieron a un nuevo Jarl hacia la confección de la Legión del Norte: una flota indómita, formada por un gran número de huskárls, que navegaba y pirateaba los mares árticos, saqueando a todo aquel que osara surcarlos sin su permiso.

La plaga del cristianismo

Por otro lado, no solo la influencia de los métodos vikingos fue desvaneciéndose. También lo hizo su credo: el poder del cristianismo había ido extendiéndose como una plaga de fe por las regiones del Norte, originando la conversión de los principales reyes y líderes nórdicos; lo que terminaría provocando el abandono de la antigua mitología politeísta —ahora calificada como religión pagana— por parte de toda la población, a fin de sustituirla por una nueva religión, más joven y con un vigoroso núcleo y una resistente base en la gran mayoría de los reinos del Sur. Y así empezó la adoración de un nuevo y único dios, aclamado por la Iglesia y difundido con brío pasional por más de medio mundo.

Sin embargo, aun cuando Odín, Loki y Thor hubieron muerto en el antiguo continente, su presencia continuó viviendo en la Tierra de Dursgard. La devota adoración que les profesaban sus moradores no pareció sufrir variación alguna ante el cambio de fe que sus hermanos escandinavos habían experimentado; quizás porque los mensajeros de la cristiandad no habían llegado aún a sus cálidas costas —o no se habían atrevido a pisarlas—, los dursgaros prosiguieron con sus sólidos ideales, anclándose con ingenuo fervor a su ahora religión pagana.

error

Deja un comentario

RSS
Facebook
Facebook
Instagram
YouTube
Sígueme por Email