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«Un par de décadas después, toda esa extensión de tierra
ya pertenecía a diversas nuevas colonias normandas»

La convivencia entre ambas culturas se regía por la promesa de no abandonar la isla, para así mantener con ello el compromiso de no revelar dicha ubicación a nadie. Ya había pasado antes con los hallazgos de tierras tan hermosas como Snæland, Færeyjar y Hjaltland, que acabaron siendo invadidas por otros clanes que se adueñarían finalmente de ellas.

A pesar de dicha promesa, resultó inevitable que ninguna noticia llegara a sus lugares de procedencia. De un modo u otro, un par de décadas después, toda esa extensión de tierra ya pertenecía a diversas nuevas colonias normandas que, aun transgrediendo el acuerdo inicial, siguieron probando su admirable capacidad para convivir tolerando a sus antiguos moradores.

Presente de Asgard…

Desde que la noticia trascendiera fuera de los límites geográficos de Dursgard, centenares de normandos habían abandonado sus hogares en los países escandinavos para emigrar hacia ese nuevo mundo que les esperaba bajo una fama alentadora: pues, pese a su ubicación casi ártica, gozaba de unas insólitas corrientes tropicales que inducían un ansiado clima cálido y convertían sus pastos, exentos de nieve y hielo, en un terreno perfecto para las labores de agricultura y el cuidado del ganado. Algo que los vikingos apenas habían conocido en su tierra natal. Aquel ambiente templado, junto con las vastas llanuras y praderas de tierra fértil, ofrecía un ilimitado surtido de posibilidades que, en sus lugares de origen, jamás hubieran podido imaginar. Por ello, para muchos, la Gran Isla se convirtió en un regalo del cielo, un amable presente de sus amados dioses de Asgard.

Ese fue el motivo de que muchos guerreros de los clanes y asentamientos vikingos se retiraran de la vida que habían heredado de sus ancestros, enfocada y cimentada en las luchas, ataques y saqueos que necesitaron para procurar supervivencia y prosperidad a su gente; esa fue la razón de que anidaran en esa tierra y ampliaran o se trajeran a sus propias familias con la intención de tener una feliz y pacífica existencia.

… o engaño de Loki

No obstante, la gran mayoría de los pueblos nórdicos, quizás debido a su indomable orgullo, prefirieron aguantar la dura y problemática vida propia de sus gélidos hogares, y se negaron a abandonar y desfallecer ante lo que creían una especie de engaño o falsa esperanza tejida por el mismísimo Enemigo de Asgard. La promesa de la Gran Isla se convirtió para muchos en una tentadora prueba a la que no podían sucumbir, como una broma que el satírico dios Loki les había gastado para que demostraran su valor y resistencia

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