+ Piedras y… +

«Cuando el primer turno estaba a punto de terminar y los mineros se disponían a ir a comer, Bjorn, un joven de nueve años, salió un momento al exterior de las galerías»

-Según parece, nada nuevo aconteció hasta diez meses después. Justo el día en que se cumplía un año del incidente en la Montaña… —subrayó Frei, que no cesaba de hablar, emocionado con esa historia presuntamente secreta.

Mientras tanto, los comparecientes se mostraban algo asustados, ya que ninguno de ellos había oído antes nada parecido. El herrero continuó, serio y con voz grave.

—El tercer acontecimiento empezó, como he dicho, aquel caluroso día, y este también se desarrolló en las minas, pero durante el horario de mañana.

»Cuando el primer turno estaba a punto de terminar y los mineros se disponían a ir a comer, Bjorn, un joven de nueve años, salió un momento al exterior de las galerías. Parece ser que iba a desempeñar una de sus necesidades más primarias, y trepó por una de las pendientes de la Montaña.

»A la izquierda de la entrada a la Mina Alta subía un camino que llevaba a la vertiente oriental, en la ladera opuesta al pueblo. El caso es que cuando bajó ya se había hecho tarde, y pensó que todos se habrían ido a comer sin esperarlo.

»Para asegurarse de ello, se adentró un poco en la gruta y gritó bien alto preguntando si quedaba alguien. Las cavernas de la mina estaban bien comunicadas y el eco se podía oír desde cualquier parte de su interior; por eso supuso que si hubiera quedado alguien en las galerías internas lo hubiese oído y contestado.

»Bjorn, debido al silencio que recibió como respuesta, vio claro que no lo habían esperado y que ya todos se habían marchado a comer. Así que, con un poco de prisa por el retraso, bajó por la pendiente rocosa que conducía al pueblo y se encaminó hacia su casa.

Ecos y silencios

—Cuando llegó, tal y como detalla este diario, su madre ya le tenía preparado el almuerzo.

»Al terminar la comida, partió de su casa revitalizado y en forma para iniciar el turno de tarde. Pero cuando se dirigía a la mina se encontró con una tal Amdis, quien le preguntó si por casualidad había visto a su marido. Bjorn, desconcertado, le dijo que en la mina no había quedado nadie cuando regresó a su casa. La mujer decidió acompañarlo, y subieron juntos hasta Mina Alta.

»Por el camino también se encontraron con otras dos o tres esposas de mineros que, preocupadas por su ausencia, se unieron a ellos para buscarlos.

»Antes de entrar en la mina repararon en algo: el silencio era lúgubre y sobrecogedor, una calma total. Incluso así, decidieron bajar a ver. Mientras caminaban por el conducto de entrada oyeron un estremecedor grito y, nerviosas, empezaron a correr todo lo que sus piernas permitieron hasta la galería donde se extraía el oro.

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