+ Los Eruditos +

«Los Eruditos solían ser varones de avanzada edad que se hacían conocer
y respetar por sus conocimientos en todo tipo de artes, ciencias y doctrinas»

Los habitantes de Solem Montoro salían cada mañana de sus casas —al parecer sobre las cinco o seis de la madrugada— para rendir pleitesía a la vasta prominencia que encumbraba su divino cielo. La edad permitida para empezar a honrar al dios del pueblo iba desde los cinco años hasta que alguien era considerado lo bastante viejo como para no poder hacerlo. Oraban día tras día, año tras año, e incluso generación tras generación. Pues se creía que si alguien desobedecía la «voluntad» de su dios y faltaba a su principal deber y obligación como solemniense, desencadenaría el Ragnarok, el Crepúsculo de los Dioses, o dicho de otra forma, el fin del mundo nórdico; y no solo eso, pues aquel que incumpliera el rito no podría sobrevivir al esperado nuevo mundo que profetizaban los Eruditos.

Los Eruditos… Sí, aunque se presentaran siempre como «los Protectores del Orden y la Vida», todos los conocían como «los Eruditos». Esta clase de estudiosos, astutos y versados personajes simulaban saberlo todo. Solían ser varones de avanzada edad que se hacían conocer y respetar por sus conocimientos en todo tipo de artes, ciencias y doctrinas. Eran, además, los encargados de asegurar que se respetara la «voluntad» de la Montaña.

Sanadores y cuidadores

Cuando no estaban sembrando mentes con sus ideales, se entretenían procurando amables e inteligentes consejos y soluciones, tanto a sus allegados como a todos los demás lugareños. Eran precisamente ellos los que más preparación y, por ello, mayor protagonismo tenían en las labores de asistencia y sanación; conocían, de hecho, innumerables e impronunciables fórmulas y recetas medicinales que pocas veces solían fallar.

Y, aunque en la aldea también contaban con algún que otro sanador o curandero entre sus habitantes, eran principalmente ellos los que siempre sabían y decidían cómo actuar: gracias a su amplia reputación, su peculiar estilo jamás era cuestionado.

En definitiva, los Eruditos eran los prestigiosos cuidadores que, con sus curas y remedios, gobernaban Solem Montoro… Aunque era la influencia de sus palabras lo que realmente regía la vida de todos. Y, sobre todo, el peso de sus silencios.

Incontables secretos se escondían tras la amable e indispensable faceta que mostraban al mundo. Y el principal de ellos quizás fuera enmascarar su profunda ignorancia, pues, aunque promovieran la ciega obediencia a los preceptos y mandatos divinos, apenas se atrevían a determinar qué podría ocurrir exactamente si se faltaba al deber de cumplir con su principal rito diario. En realidad, ninguno de ellos parecía saber nada con suma seguridad… Ninguna certeza tenían de que el mundo llegara a su fin en caso de desobedecer a su dios, al saltarse alguno de sus rígidos mandamientos; ni siquiera estaban seguros del nuevo mundo que ellos mismos prometían…

Creencias

Pero así funcionan las creencias: aunque inicialmente no las creas, aunque carezcas de garantías y argumentos que las prueben, uno necesita mantenerlas para convencerse de que sabe quién es y la razón por la que vive. Algunos necesitan sumarse al pensamiento mayoritario para creerse en el camino correcto, mientras que otros se oponen a ese mismo pensamiento para recorrer un camino más exclusivo, para ellos lo distinto es lo correcto. Sin embargo, ambos buscan posicionarse en contra de otros para distinguirse y fantasear con que han entendido el milagro de su propia vida.

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