+ Lágrimas y… +

«Hoy la muerte ha vuelto a llamar a nuestra puerta: mi compañero Dubal
ha sido llevado lejos de nuestro alcance, y también su hijo pequeño»

-Después de esta tercera tragedias, la vida en la aldea discurrió con afable normalidad durante los siguientes cinco años.

»Ahora viene un trozo algo borroso, que no logro entender demasiado. Combinando palabras sueltas he llegado a descifrar un poco de lo escrito por mi antepasado.

»Según parece, un día antes de que se desencadenara la Cuarta Desgracia, llegó un extraño forastero a la aldea. Por aquí aparece la palabra druida, y luego se repite varias veces. Estuvo llamando puerta por puerta, así que creo que vino porque intentaba averiguar qué había pasado en esa zona hasta entonces. Se dice que preguntó a varias personas, pero que nadie quiso hablar de lo ocurrido… Y después de esto ya no he logrado descifrar nada más de este párrafo.

»Seguidamente, llega la descripción de la cuarta catástrofe que sacudió a Solem Montoro. Os lo voy a leer tal cual está escrito, pues esta crónica merece conservar hasta el más mínimo detalle:

Crónica de una desgracia

* * *

«Lunes, día 11 de Abril del año 803:

Volvió a ocurrir… Hoy la muerte ha vuelto a llamar a nuestra puerta; aunque, en verdad, ha golpeado a la de nuestros vecinos… y esta vez ha sido teñida por el agua.

Llevábamos algo más de cinco años sin ningún incidente… sin ninguno que estuviera fuera de nuestra comprensión, a eso me refiero. Ha sido horrible, pensaba que desde la última desgracia los dioses estaban cuidando de nosotros, pero algo debemos haber hecho mal… No me lo explico.

Hoy ha muerto un hombre muy cercano, un amigo… otro amigo.

Mi compañero Dubal ha sido llevado lejos de nuestro alcance, y también su hijo pequeño. Ha sido esta mañana. Sigrin nos ha dicho que salió bien temprano a cazar y se llevó consigo a su hijo Endera.

Al mediodía, al comprobar que todavía no habían regresado, su mujer golpeó nuestra puerta. Estaba turbada… el recuerdo de las anteriores desapariciones le sobrevino, y no hemos podido calmarla.

Tenía pánico a que se repitiera aquella historia… y nosotros también. Alana —la mujer de mi antepasado— se ha quedado con ella en casa, mientras que yo he ido a buscar a mis compañeros.

Rodeamos toda la aldea, pero no encontramos ningún rastro de Dubal. Los peores pensamientos empezaron a circular por nuestras cabezas… y no era para menos. A media tarde, Billo ha encontrado la prueba que ha convertido en realidad todas nuestras presunciones.

Cuando Billo ha empezado a gritar con insistencia, todos nos hemos acercado. Estaba frente al río Atzagal, paralizado. No ha dejado de mirarnos mientras señalaba al río.

Al acercarnos, he visto un conocido sombrero gris flotar sin moverse. Parecía anclado… la fuerte corriente ha sido incapaz de arrastrarlo. No he tenido ninguna duda, ese era el sombrero de Dubal. Media milla más abajo han encontrado sus ropas atrancadas entre ramas y piedras del arroyo.

Ha sido tan extraño, obra de alguna brujería sin nombre, pero el sombrero permanecía estático… inalterable ante la potencia con que fluía el cauce.

Lo he sacado del agua, y entonces lo he visto… he comprobado que Dubal había sido víctima de la más abominable de las magias.

Al asomar mi cabeza sobre la superficie del río, en vez de manifestarse mi rostro, ha aparecido el suyo. Como si el río fuera un cristal, y su cara se reflejara bajo el continuo flujo de agua.

Los demás también lo han podido ver. Me ha observado unos segundos con ojos tristes… parecía no poder hablar. Estaba como preso por el agua, pero no se estaba ahogando, solo me miraba fijamente. Atrapado bajo las aguas, como si un fino cristal lo separara de nosotros.

Inevitables lágrimas he derramado, confundiéndose con las suyas… y ambas se han desvanecido llevadas por el arroyo. He sentido que sus ojos pedían auxilio, pero yo estaba aterrado.

Su rostro de sufrimiento clamaba por nuestra ayuda… y yo he sido incapaz de ofrecérsela. Las manos y brazos de algunos se han precipitado dentro del río, intentando alcanzarlo… pero de nada ha servido.

Ahí abajo no había nadie.

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