+ Heraldo del Divino +

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«Él precedió la llegada de los Ojos del Infierno, la mano justiciera que envió el Dios que nos protege y somete para hacernos pagar por los pecados del pasado»

-Es imposible que en la aldea quede nadie que no esté al corriente del Incidente; sin embargo, no tengo tan claro que todos seamos conscientes de algunas de las consecuencias que ha propiciado.

»No en vano, algunas de ellas quizás no hayan trascendido públicamente, y las que sí lo han hecho… bien, puede que hayamos preferido no escucharlas. A menudo preferimos ignorar ciertos acontecimientos antes de afrontar lo que podrían llegar a significar para nuestras estables vidas.

»Poco después de que el Incidente se produjera, la visita de un forastero alteró de un modo u otro nuestra ya distorsionada sensación de paz. Y, por supuesto, no me refiero a un forastero cualquiera, sino al siervo que, haciéndose pasar por un mero mendigo, aparece como heraldo del Divino…

»Algunos de nuestros vecinos más veteranos, como nuestro compatriota Erik, presente aquí esta noche, lo han reconocido y aseguran que no ha cambiado un ápice desde su última visita: aquel que permanece en la plaza y nos vigila es el mismo que trajo hace poco menos de tres décadas el castigo divino a nuestra aldea.

»La misma presencia de mal augurio que, primero, desacreditó el prestigio del Santuario, y luego precedió la llegada de los Ojos del Infierno, la mano justiciera que envió el Dios que nos protege y somete para hacernos pagar por los pecados del pasado.

»Por aquel entonces perdonó a la mayoría a cambio de tres ofrendas: tres vidas que nos fueron arrebatadas por el bien común; tres presuntos pecadores, infieles a nuestro Dios, que confabularon en su contra y que a punto estuvieron de condenarnos también a todos los demás.

»A uno de los culpables que pagaron su traición con el destierro lo reconocíamos como a uno de nuestros más preciados vecinos…

»Mientras que los otros dos representaban una autoridad incluso más sagrada y reputada para el honor y la credibilidad de Solem Montoro: formaban parte del seno interno del Santuario.

»Los tres conspiraron a consciencia contra los intereses de nuestro pueblo, poniendo en peligro nuestro porvenir como si fueran amos de nuestro futuro.

»Y aquel que posee los Ojos del Infierno cayó sobre ellos, y los ajustició como los criminales que presumían ser… Que eran.

»Y ahora que el mendigo agorero ha regresado, justo después del Incidente, ha vuelto a preceder la presencia de otro poderoso enviado divino.

»En este caso ha sido alguien distinto: el Hombre sin Rostro lo han llamado aquellos que pudieron contemplar su horroroso aspecto.

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