F. Los Cuatro Agentes

«Como los Cuatro Elementos no estaban vivos, tampoco podían morir;
tan solo eran capaces de transformarse»

De esas cuatro Emociones negadas y proyectadas, emergieron pues los Cuatro Elementos. Y a cada uno de ellos, como una representación externa de la bestia rechazada por la Consciencia que había aprendido a juzgar y separar, le fue atribuído un Agente responsable de manipular y gestionar su energía:

La Soberana y el Amo

. Para someter la alegría inestable y etérea del Aire, emergió la Soberana del Viento. Una criatura que cobró la forma de un ave colosal, cuyos dominios abarcaban todo el cielo y cuya morada residía en la cúspide de la cúpula celeste. Su poder, sin embargo, alcanzaba todo lo que a menudo resulta invisible a ojos humanos: el mismo aire que remueve los vientos del mundo y respiran todos los seres vivos que lo pueblan.

. En cuanto a la gestión de la poderosa rabia, simbolizada en el elemento del Fuego, fue el Amo de la Llama quien tomó la responsabilidad de hacerse cargo de dichos poderes. Se dice que la ira rechazada por la Consciencia se materializó en la figura de un dragón, una bestia de fuego que se alimentaba de dicha energía, tanto como la extendía a lo largo y ancho del mundo.

Señor y Reina

. El encargado de cobijar y manipular las fuerzas del miedo, representadas en la Dimensión de la Materia por el elemento de la Tierra, fue el Señor de la Roca. Se cuenta que el temor que da firmeza a lo inestable y otorga solidez a las inseguridades se personificó en una bestia con la forma de un lobo gigante. El animal tenía control sobre toda materia sólida y podía remover o quebrar cualquier tipo de superficie.

. La representación física de la tristeza, plasmada en la materia por el elemento del Agua, recayó sobre la Reina del Mar. Un Agente que reunió las singularidades de una serpiente marítima y que, desde el fondo de los oceános del mundo, ejerció su poder sobre todas las aguas y líquidos del Cosmos. Tal era su influencia en la dimensión terrestre, que no solo ríos y mares quedaban bajo su tutela, sino que la misma lluvia le obedecía, e incluso la lágrima o el sudor de los humanos respondían a su llamado.

Gran Alma

Como los Cuatro Elementos no estaban vivos, tampoco podían morir; tan solo eran capaces de transformarse. De la misma forma, los Agentes encargados de gestionar dichas energías eran también inmortales. Solo existía un camino para asegurar su disolución como entes separados de la Existencia, y era regresando a la Consciencia a través de la aceptación y reapropiación de las energías que simbolizaban.

Para que los Cuatro Agentes liberaran sus energías y se fundieran nuevamente con la Existencia, antes debía acontecer un colosal gesto de unificación por parte de Divina Unidad: la gestación y florecimiento de una Gran Alma por parte de La Fuente habría de indicar el momento y brindar la oportunidad.

La vía que daría inicio al retorno de la consciencia fragmentada del Ego hacia la Consciencia indivisa del Alma, sería la humilde disposición de ese Gran Alma a integrar todas las proyecciones de nuevo en su seno.

La Realidad Manifiesta

Mientras tanto, sin embargo, los Cuatro Agentes emplearon sus energías para perpetuar la separación de la Consciencia y fraccionar la materia en nuevas y fascinantes formas de vida visible y física. Así fue como, debido a la fricción circular y profunda entre dichos Agentes, emergió y fue moldeada la Realidad Manifiesta alrededor del vacío intangible del Ginnungagap.

Midgard nació primero, por eso los Cuatro Agentes lo eligieron para ubicar sus moradas. Y desde ahí continuaron pugnando sus fuerzas y entralazándose sus poderes, hasta que todo un Universo llamado Cosmos tomó forma entorno a ellos.

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