+ Espíritu +

«La pequeña Isgerdur parecía hallarse delante de un espejo,
con un lado sonoro y otro silente dispuestos en perfecta simetría»

-Como solía hacer mientras lavaba los trapos y ropas, cantaba una bonita canción; de pronto quedó perpleja cuando se dio cuenta de que no se oía cantar. Por más que lo intentaba no conseguía escuchar su propia voz.

»Debió pensar que se había quedado muda… No obstante, eso no fue más que un pequeño susto, nada en comparación al momento en que advirtió que tampoco oía nada. Ni tan solo el sonido del constante flujo de agua del río, ni los cantos de los ruiseñores y petirrojos que revoloteaban entre los árboles.

»No llegaba a comprender qué pasaba. Fue entonces, al escuchar un murmullo, cuando alzó la vista lentamente.

»No adivinaréis a quién vio: ¡era ella misma! Era otra joven Isgerdur… lavando la misma ropa en la otra orilla del río mientras cantaba la misma canción que ella había estado entonando hasta quedarse muda. Parecía hallarse delante de un espejo, con un lado sonoro y otro silente dispuestos en perfecta simetría.

»Pero entonces se percató de que no era exactamente así: no había dos Isgerdur, sino solo una; lo que ella estaba viendo era a sí misma, como si alguien le hubiera robado el cuerpo y ahora su propia alma se hallara flotando sobre las aguas del río. Isgerdur no tenía cuerpo, y el cuerpo que reconocía como suyo había sido poseído por otro ser.

Reflejo oscuro

—Cegada por el asombro y el miedo ante aquella inexplicable situación intentó preguntarle algo a su propio cuerpo, pero no pudo. Esa otra chica que tanto se parecía a ella también le había robado la voz, y seguía cantando al margen de su angustia… hasta que empezó a reír. Unas carcajadas siniestras y enfermizas acompañaron la verdadera voz y entonación de aquella criatura, que todavía conservaba el mismo aspecto.

»Entonces, Isgerdur, asustada como nunca lo había estado, intentó huir… pero tampoco eso le resultó posible, porque al carecer de cuerpo era incapaz de moverse.

»Entretanto, en el otro extremo del arroyo, aquel ser se alzó mostrando su verdadero rostro: el rostro de la muerte.

»Y el cuerpo de Isgerdur miró a su alma incorpórea, que seguía levitando por encima del agua, mientras la criatura que lo poseía hablaba con una voz gutural y entrecortada a través de lo que una vez fueron sus labios:


Isgerdur, preciosa muchacha,
tímida dentro de tu casa.
Esta noche oirás qué pasa,
pues entre gritos y sufrimiento
conocerás a los Espíritus del Lamento.

Pregona a aquellos que amas,
por su bien y por el tuyo,
que hoy llega el ansiado preludio
del encierro de todas vuestras almas.


Huid todos sin pensarlo;
no apliquéis vuestra ignorancia,
pues no os traerá más que infortunio.
Abandonad vuestras estancias
o lamentaréis ignorar este augurio.

Ahora corre, dulce princesa,
y no olvides este aviso,
pues esta ha sido la empresa
que el destino para ti quiso.

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