D. La Culpa del Ego

«El origen de la culpa provenía de la separación originaria a raíz de la Primera División.
Fue también el germen del resto de divisiones que se dieron después»

Y una vez fue creado el Cosmos y el Mundo de Midgard, aconteció la tercera división: la Consciencia escogió encarnar el Todo visible y palpable en detrimento de la Nada invisible e intangible.

Decisión que propició la cuarta y última división: la individualización del Alma a través de la constitución y multiplicación de cuerpos físicos, vehículos ideales para que los habitara el Ego, en su afán de posibilitar su supervivencia como identidad separada de la Divina Unidad.

Así fue como la Consciencia tomó esa cuarta decisión creyendo que era la única vía a su disposición. Para escapar de la Culpa, la negación y la proyección: una vez más, el rechazo como huida de la emoción.

Pero ni siquiera ahora la Culpa se desvaneció, puesto que su origen provenía de la separación originaria a raíz de la Primera División. La Culpa fue también el germen del resto de divisiones, así como la razón por la que las Emociones se proyectaron en el Mundo Físico y se materializaron en Elementos.

El reflejo de la culpa

Del mismo modo, la Culpa también terminó siendo la causa de la aparición de la Muerte, dado que su rechazo por parte de la Consciencia generó la plasmación de una forma antagónica que, o bien te obliga a regresar a la Divina Unidad que pregona la Voz del Alma, o bien te mata.

Así fue como la Consciencia se sintió culpable por estar tan dividida, y luego se apenó por creerse sola y separada, se asustó por sentirse insegura y triste, y se enojó consigo misma por verse tan apenada y asustada; y finalmente se alegró también por albergar la sensación de haber logrado desembarazarse de todas esas emociones. Aunque eso solo ocurrió por un instante, porque luego regresaron todas ellas con renovada intensidad. Y nuevamente se sintió culpable por sentir lo que no quería sentir y, además, no poder controlarlo.

El olvido de la Consciencia

De esta manera, emoción sobre emoción, y rechazo tras rechazo, olvidó finalmente por qué sentía lo que sentía, y se dedicó obsesivamente a culpar a otros Egos igualmente confundidos para tratar de librarse de su culpa.

Pero ni así consiguió escapar de sí misma. Lo que a la larga la llevó incluso a olvidarse de las elecciones que había tomado y de las divisiones con que se había escindido a si misma. Terminó, en consecuencia, confundiéndose completamente con el Ego

Solo así creyó poder sobrevivir en un Mundo creado y centrado en la Voz de Ego, y sus creencias, juicios y polaridades; que rechaza y juzga todo aquello que no percibe, aquello que le resulta oscuro o inadecuado, aquello que no es físico y tangible, e incluso todo cuanto le recuerda que, en verdad, jamás ha estado separado.

Hasta allí se extravió el Ego, alejándose de la propia Consciencia de uno mismo, tan identificada ahora con los mismos pensamientos de culpa e ideas de separación que conformaban su percepción dual.

Pero también lo hizo la Voz del Alma, siempre dispuesta a recordarnos que incluso todas las decisiones y divisiones que nos alejaron de la Divina Unidad, no son más que un sueño del que, con una sencilla elección, podemos despertar aquí y ahora.

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