+ Conjeturas y Verdades +

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«Esta reunión nunca fue convocada con intención de enojar al Dios de la Montaña»

El sonoro estrépito de una fractura se propagó de repente. Frei había conseguido, por fin, un poco de silencio. Lanzó al suelo los trozos que quedaban de la vasija de arcilla que acababa de romper contra la mesa, y se dispuso a hablar —no era nada extraño conseguir así el turno de palabra en Solem Montoro: o se expresaba el que más gritaba o el que mayor fuerza bruta demostraba; y, por supuesto, Grim ya estaba bastante acostumbrado a dichos actos—.

Ahora todos miraban al herrero expectantes, por lo que él alzó las manos y habló en voz alta y convincente.

—¡Amigos, compañeros y habitantes de nuestro querido pueblo! —se oyó un estruendo en la sala y casi todos se levantaron sin dejar de mirarlo en ningún momento—. Veo que hoy también se nos ha unido algún forastero invitado por nuestro anfitrión —señaló levantando su cuerno de bebida a modo de saludo—. Aunque no sé si es el mejor momento para recibir huéspedes, Grim. No creo que sea apropiado…

—Claro que es apropiado —lo interrumpió el posadero—. Es mi negocio y si no os gusta, ya sabéis: buscad otro lugar en que quepan todos y no llame su atención… Por mi parte, tan solo espero que nadie asuste al segundo osado que se ha atrevido a hacer noche en Solem Montoro durante este último año —exclamó sin detener el vaivén de servir a sus numerosos clientes—. ¿Dos forasteros en menos de un mes?, ¡eso sí que es un éxito! —dijo medio serio, medio en broma.

—Dejémonos de chistes, por favor —pidió Frei—. El único éxito del que podemos sentirnos orgullosos es el de mantenernos aún vivos a día de hoy… Porque si estamos aquí reunidos es solo debido al trágico acontecimiento sucedido hace ya unas semanas y a sus profetizados posibles efectos. Nada más debería inquietarnos en tan nefastos momentos.

Una realidad innegable

»Esta reunión nunca fue convocada con la intención de realizar un concurso de gritos o bromas, y menos incluso, si me lo permitís, con el fin de enojar todavía más al Dios de la Montaña —manifestó completamente serio, refiriéndose al escándalo que habían montado los demás. Frei sudaba, pero todos lo miraban interesados en saber qué iba a declarar o proponer.

»De acuerdo —siguió—, ninguno de nosotros sabe lo suficiente sobre esta maldición que nos atañe, pues todo parece indicar que, como algunos ya empezábamos a sospechar, solo unos pocos Ancianos de la Orden podrían conocer la verdadera historia. Si es que existe algún motivo y alguna certeza en todo esto… —se temió—. ¡Pero hay algo que no puede ser refutado!

»¡Una realidad innegable! El nefasto e indiscutible hecho de que, de forma extraña y paulatina, desde que el Ilustre Spaki vaticinó inconcebibles sucesos en menos de un mes, los Eruditos del pueblo han ido falleciendo uno tras otro durante esta última semana. Todos ellos patriarcas y cabezas de importantes familias o linajes de renombre.

»Y si ellos mueren, también lo hacen todos los secretos que pudieron atesorar sobre este asunto. De hecho, esa podría ser la principal razón que los estuviera llevando a la tumba.

»Pero dejémonos de conjeturas y procedamos a exponer verdades… tan obvias que no podrán ser cuestionadas.

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