Ideas, reflexiones y vivencias del día a día de mi última vida desde el hospital psiquiátrico en que encerraron hace ya diez años.

37. Mente Vieja

«Me encarcelaron por haber atentado contra mi mismo;
aunque ellos pensaron que había dañado a otro»

Una vez dentro de la comisaría, la conversación que se estableció entre el policía que atendía y lo que quedaba de Eric Lleiva no pudo ser más surrealista. Quizás hubiera iniciado una nueva etapa, pero todavía la estaba enfocando desde mi vieja mente.

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36. Nueva Etapa

«Cuando me mataron… mataron también la fantasía de ser alguien concreto.
Y es que todo se desmoronó al regresar yo de donde se supone que nadie regresa»

Desde que escribo sobre mi primera vida me siento más conectado con todo lo que me rodea… Creo que desde antes de morir y renacer que no me percibía tan ubicado. Ni tampoco tan centrado en mi.

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35. Renacer a la Locura

«Cuando uno vive por encima de sus posibilidades…
la única posibilidad que le queda es abocarse a morir en su locura»

Y así fue como terminé siendo inmortal.
Incluso antes de recordar todas mis vidas… Mi cuerpo se inmortalizó antes de que lo hiciera mi mente y sus memorias. Y precisamente ese fue el paso que me arrancó de mi nueva y acomodada vida y me lanzó de lleno a la locura.

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34. ¿Asesina?

«Recordaba haber sido masacrado a puñaladas, pero ahora era obvio que no estaba muerto.
En realidad, ni siquiera estaba herido»

Excepto por la sangre que aún bañaba mi camiseta y los surcos que había dejado su ensañado apuñalamiento, nada hacía sospechar que allí se hubiera producido un asesinato.

Para empezar, ni siquiera había cadáver… ¿para qué entonces molestarnos a buscar a la responsable de algo que no había ocurrido? En mi cuerpo no quedaba ni una sola herida, ninguna señal o golpe, ni un mísero moratón o cardenal.

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33. Forzado a vivir

«Si al morir no sentí nada, al revivir sí lo hice: una bocanada de oxígeno llenó mis pulmones y estremeció incluso los vastos abismos que dividen mi agrietada alma»

La Voz del Alma no se pronunció, pero tampoco lo hizo la Voz del Ego, que había enmudecido como nunca antes a lo largo de mi vida como Eric Lleiva.

Si visité algún lugar, no lo recuerdo. Por lo tanto no os podré revelar si existe cielo o infierno, ni siquiera si hay algo a lo que podamos llamar Dios.

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32. ¿Cómo se muere?

«Así fue cómo morí: perdido entre dos espacios que me fueron arrancados y donde no llega ningún pensamiento… Extraviado en los vacíos de la grieta que partió mi espíritu antaño»

Morí, simplemente morí. Y quizás os preguntéis: ¿cómo se siente la muerte? No se siente nada. No sé qué sintieron otros que pasaron por lo mismo… Por lo que a mi respecta, no sentí absolutamente nada. Menos que nada, ni siquiera el ligero vaivén de mi respiración apagándose.

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31. Primera Vida

«Mi primera vida, quizás por ser la más profunda, es también la que más me duele.
Es tanto la más difícil de recordar, como la que más me cuesta integrar»

Oskar dice que está bien que me centre en la historia de mis sueños… a la que he titulado «El Sueño del Huérfano», pero que me ayudará si, de vez en cuando, voy escribiendo también sobre otros asuntos.

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30. A la luz de la vela

«Por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen».

Tú eres muchas personas. Y no digo que has sido muchas personas, porque no estoy haciendo referencia al pasado. No hablo de otras vidas, sino de todas las identidades de esas vidas confluyendo en la actual. Así es cómo funciona: somos todas esas vidas en este mismo momento… solo que no queremos recordarlo. Creemos que enloqueceríamos. Y llamamos locos a aquellos que dicen experimentar esa sensación.

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29. El día en que morí por última vez

«Prefiero narraros el sufrimiento de mi muerte, antes que padecer de nuevo
el desgarrador dolor de morir recordándola a ella…»

Oskar me ha pedido que le hable de mi primera madre… pero me niego a ello. Todavía no estoy preparado para ir tan atrás en mi memoria de esta última vida… Todavía no quiero. Quizás sea porque es esta, la más cercana, también la más dolorosa.

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28. Sustituta de madre

«Gracias a ella volví a odiar a un ser humano. Y lo digo como algo positivo,
porque el odio que le dirigí me permitió volver a sentir.»

En aquella época, desvanecido mi ángel y su hija Liliane, y muerta la bibliotecaria Dora, el único contacto social mínimamente cercano, que no afectuoso, era mi madre adoptiva: Lourdes. Ella había perdido a un marido y un hijo… Pero yo había perdido mucho más, aunque todavía no lo recordara.

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