C. Cinco Emociones

«El Mundo nació de la proyección de cuanto se consideró nocivo, excesivo o inadecuado.
Por consiguiente, nuestra Sombra gestó el Mundo»

Los Elementos son frutos de la materia, más sólidos y densos que las energías que los precedieron: las Emociones, fluidas e intangibles, y sin representación física en la materia. La primera de ellas, paradójicamente, dio lugar al No-Elemento: la Muerte.

La creación del Mundo se plasmó casi en paralelo a la invención del Ego, puesto que ambos se materializaron a raíz de una decisión. Y, sin embargo, se gestó antes el Mundo que las Individualidades que en él creen vivir. Aquí se narra la descripción de cómo aconteció dicha creación.

Proyectando sombras

Tan pronto se asumió la segunda división, y el Perceptor comenzó a juzgar la realidad percibida, se inició también la purga y expulsión de todo cuanto se estimó oscuro e incorrecto. El Mundo nació, por lo tanto, de la proyección de cuanto se consideró nocivo, excesivo o inadecuado. La Sombra que fue rechazada en la segunda división germinó, por consiguiente, en el florecimiento del Cosmos.

Ahora bien, la identificación con la Luz, en detrimento de la Sombra, acarreó un intenso sentimiento de Culpa. Puesto que, de algún modo, la Consciencia sabía que, al separarse de la Unidad, que es también Divinidad, la había rechazado oponiéndose a su propio origen: el Amor del Alma.

Juzgando emociones

A raíz de dicha culpa, la Consciencia sintió por primera vez Tristeza, una profunda pena por sentirse separada del Amor que es su auténtico hogar. Pero como no la quiso sentir, porque la consideró inadecuada, la expulsó de si misma y la proyectó fuera: así se creó el Agua, siendo el símbolo de la lágrima nostálgica y la tristeza no digerida.

Pero la Consciencia continuó sintiéndose mal (como no podía ser de otra manera) y se dio cuenta de que en ella existía el Miedo. Temor por lo que había hecho alejándose del Amor del Alma y su Unidad Divina; y pánico por no poder subsistir por si mismo más allá de aquella Tristeza desgarradora. La Consciencia proyectó el Miedo fuera de sí, dando existencia a la Tierra, que pretende ofrecer estabilidad y firmeza a aquellos que andan en la inseguridad de la duda.

La llama y el viento

Una vez Agua y Tierra quedaron fuera de la Consciencia, se hizo presente la Rabia y la Ira: una cólera colosal irradiaba desde su ser por no haber sido capaz de desprenderse del Miedo y la Tristeza, a pesar de haberla proyectado fuera de sí misma; y así trató de no sentir nada, tapando todo sentir por medio de la rabia. Pero incluso la Rabia resultó excesiva, y fue expulsada fuera. El Fuego nació así, con la chispa de energía que detonó la llamarada de furia con que trató de destruirlo todo.

Solo entonces pudo la Consciencia percibir un ínfimo lapso de calma; aunque en realidad no era serenidad real, sino una falsa ilusión de Alegría. Propiciada por la sensación de haberse desprendido de la Culpa que lo había originado todo; enterrando con ello la Tristeza derivada de su desconexión con la Divinidad y su propia Alma. También esa Alegría falsa fue proyectada al fin, contribuyendo así a la creación del Aire que viene y se va, pero que carece de densidad y consistencia.

El Mundo de la Materia

Se crearon así los Cuatro Elementos de la Existencia. Cada uno de ellos una excusa proyectada en el Todo que, debido a la mezcolanza y pugna que entre sí generaron, comenzó a plasmar el Mundo de la Materia. Cada uno de ellos fue expulsado de la misma Consciencia para evitar asumir la verdad de ese mismo mundo: que no existe separado del Alma de la Divina Unidad.

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