B. Las Cuatro Divisiones

«La creación de todo un Universo y su Mundo de Materia, se ofreció como alternativa a la Nada inconsciente, imperceptible, incorrecta y hasta inexistente del Ginnungagap»

En el Ginnungagap no existe consciencia, ni tampoco percepción, por lo que nada está bien o mal, ya que ni siquiera existe algo que juzgar como bueno o malo, ni juez que lo perciba y pueda dictaminar dicha distinción.

El Ginnungagap es… pero ni siquiera sabe que es. Esta es la esencia de la Unidad: todo es Uno, nada existe por separado. Por lo tanto, nada puede distinguirse cuando no hay distancia entre aquello que observa y lo que es observado. No hubo percepción de la misma existencia del Ginnungagap hasta que aconteció la primera división.

Cuando se presentó la Consciencia de lo que era, apareció la 1ª División de la Existencia: ahora, ya había dos, El Perceptor y Lo Percibido, el que era consciente y aquello de lo que era consciente. Sin embargo, aquella era una percepción carente de juicio, por lo que todo lo percibido era idéntico en belleza y de igual validez. Ser consciente de Ser… así se inició el camino de la involución que evoluciona hacia la multiplicidad de dimensiones.

Existiendo la Consciencia que percibe, se manifestó en consecuencia la 2ªDivisión: el juicio que distingue entre la Luz y la Oscuridad, que es la misma representación que distingue entre lo Bueno y lo Malo. De repente, la Existencia, que correspondió a lo correcto y adecuado, se disoció de la No Existencia, que representó lo incorrecto y equivocado. De esta manera, la Existencia extirpó de sí misma la posibilidad de No Existencia, gestando una separación que a ojos de la Consciencia que percibe jamás fue real.

Habiendo pues Consciencia de Ser, y como resultado de permanecer ésta oscilando entre lo Correcto e Incorrecto, es decir: entre existir o no hacerlo, aconteció la 3ª División: el Todo se separó de la Nada. La creación de todo un Universo y su Mundo de Materia, se ofreció como alternativa a la Nada inconsciente, imperceptible, incorrecta y hasta inexistente del Ginnungagap.

Y por si no fuera suficiente con ello, a raíz de la distinción entre la Luz de lo Correcto y la Sombra de lo Incorrecto, dentro de ese Mundo de Materia que era Percibido, se generó la sensación (y falsa elección) de que existían dos caminos distintos: regresar a casa muriendo a la distinción y fundiéndose en el Vacío y la Nada; o vivir sintiéndose separado de ello y percibiéndose a uno mismo como Ego especial y único distinto al resto de la Existencia.

Dos Voces

Esta fue la 4ª División: la que separó la Consciencia en formas individuales llamadas Egos, y se olvidó de que cada una de dichas formas pertenecía a una misma y única Alma.

La vuelta a casa se tiñó de muerte, arraigándose la creencia, sustentada sobre las Cuatro Divisiones, de que volver a la Unidad era sinónimo de perder la unicidad y desaparecer de la Existencia. Sin embargo, sobrevivió una única brizna de pensamiento que confrontaba dicha posibilidad: se trataba de una idea pretérita que se sugería a través de una suerte de recuerdo de un casi olvidado eco lejano, cuya llamada respondía a la Voz del Alma.

La Voz del Ego, en cambio, se expresaba como símbolo de vitalidad y esperanza. Hablaba con promesas de redención futura, de manera que su voz se disfrazaba como pensamiento propio, otorgando mayor sensación de distinción al Perceptor.

Así fue como el camino del Ego se percibió como la Vía Adecuada que se nutre y cimienta en la luminosidad del Todo, mientras que la vuelta a casa, percibida como disolución de ese falso Ego, se entendió como la Vía Errónea que deriva en la desaparición absoluta en la más desgarradora y oscura Nada.

Así, la auténtica Vida se confundió con la Muerte… mientras que la falsa Vida de ilusión separada se aceptó como única posibilidad de Vida. Aunque bien saben los que fueron y regresaron que en el Ginnungagap no hay posibilidades de No Existencia.

Cuatro divisiones que fueron en verdad una sola, porque acontecieron en un mismo instante, ya que el tiempo aun no existía como tal. Cuatro divisiones que, debido a nuestra inconsciencia y falta de perspectiva, hemos convertido en una sola separación: para nosotros, que nos alimentamos de la Voz del Ego a cada momento, lo que no percibimos, ni existe ni es adecuado, pues forma parte de la nada que es peor que la muerte. Mientras que lo que según el Ego percibimos, es lo único que existe, pues es lo correcto y nos afirma en la vida que se refleja en todo aquello de que somos conscientes.

Fueron cuatro divisiones porque surgieron de cuatro decisiones que, como seres humanos, continuamos tomando a cada instante, ahora que la Voz del Ego nos ha convencido de que el tiempo ya existe en nuestras mentes.

Cuatro divisiones fruto de cuatro decisiones que podemos modificar ahora mismo si elegimos distinto. Para ello solo se necesita una cosa: dejar de escuchar la Voz del Ego para confiar ciegamente en la Voz del Alma.

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