+ Alguien distinto… +

«La existencia de los habitantes de Solem Montoro discurría digna y felizmente,
centrada básicamente en su dios y sus vecinos»

Así era Solem Montoro, una localidad que, a pesar de sus posibles defectos, era realmente serena e inspiradora, y sobre todo imponente, única en muchos sentidos, pero básicamente gracias a la magnitud y grandeza de su bella ubicación, y a la peculiar rectitud y nobleza de sus gentes. Y aunque su comunidad experimentara a menudo el agotador ajetreo de sobrevivir por si misma, la vida en la aldea se podía describir como tranquila, sencilla y alegre.

Todo el mundo subsistía de la mejor manera posible, con sus obligaciones y sus privilegios, pendientes de sus quehaceres, pero generalmente enfocados también en el amparo del prójimo, y por encima de todo, ajenos a todo cuanto no fuera de su incumbencia y la de los suyos. En muchos sentidos, la existencia de sus habitantes discurría digna y felizmente, centrada en su dios y sus vecinos. Percibiendo aquel pueblo desde fuera, se podía afirmar honestamente que, aun con sus pequeñas sutilezas o inconveniencias religiosas, era un lugar ideal para vivir, pues parecía estar rodeado de un gran ambiente de prosperidad y bienestar.

No obstante, y a pesar de que la gran mayoría se caracterizase por vivir en un aparente clima de estable felicidad, nunca, en ningún momento de la historia pasada, ha sido posible que todo el mundo disponga de idéntica suerte ni adopte una misma actitud y, por lo tanto, se sienta igual consigo mismo y con los demás. Es por eso que siempre existe alguien diferente, alguien que no disfruta de su existencia del mismo modo en que aseveran hacerlo los demás, alguien que, por no asemejarse al resto, se le tacha de raro, o incluso de loco.

Pero quizás ese alguien posea algo que otros desconocen, o tenga el poder necesario para ver lo que muchos no veremos jamás, e incluso puede que llegue a convertirse en una Gran Alma: un ser capaz de desbordar el arroyo que desemboca en el mar del destino. Porque ese alguien podría ser capaz de invertir el transcurso de la historia hasta convertir todo lo que le rodea en caos, o desplazarse sutilmente por delante de nuestros ojos y desaparecer sin más preámbulos.

Obviamente, todos los aldeanos de Solem Montoro se conocían entre sí, pero ninguno sabía quién era realmente ese ser único que se ocultaba entre ellos… Ni tan siquiera imaginaban, de hecho, que existiera tal ser. Todos y cada uno de ellos ignoraba hasta qué punto alguien así podría llegar a influir en sus imperturbables vidas. Sin embargo, hubo alguien que sí que lo identificó. Alguien que creyó que era él… que era el Hijo del Viento.

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