A. Ginnungagap

«Algunos lo llaman La Fuente, la Nada, o Dios,
pero básicamente todos tratan de poner nombre a Lo Innombrable»

No se puede hablar del Ginnungagap. Intentarlo es un desafío inabarcable. El Ginnungagap es el vacío, por lo que en lugar de palabras sería más apropiado dejar este espacio en blanco para tratar de describirlo. En vez de sonido, sería ideal el silencio. La más pura eternidad del instante presente, mejor que suscribirla a la línea del Tiempo. La Nada sería más ajustada y fiel que llenar este texto con todo lo que se me ocurra. Por eso, cualquier intento de descripción jamás se aproximará un ápice al Ginnungagap en si mismo.

Ginnungagap es la palabra que aprendí a usar en mi primera vida para referirme al Vacío Insustancial que antecede todas las cosas; pero aunque estuviera antes del Tiempo, también sigue estando ahora, puesto que, como he dicho, también es la más pura de las presencias. Algunos lo llaman La Fuente, la Nada, o Dios, pero básicamente todos tratan de poner nombre a Lo Innombrable; eso en donde se originaron el Cosmos y el Universo en que ahora nos atrevemos a ubicarnos porque creemos conocerlos. Ginnungagap significa «hueco enorme» en la lengua de los normandos, y según la mitología nórdica fue el vasto abismo precursor de toda la vida en Midgard, nombre con que conocíamos entonces nuestro planeta.

Si el Ginnungagap no se circunscribe a la línea del Tiempo, ni se expresa por medio de la esfera del Sonido, ni se presenta en la dimensión de la Forma, todo parecería indicar que no existe. Sin embargo, todo lo que existe es gracias, precisamente, al Ginnungagap: es la pizarra eterna en que se escriben pasado, presente y futuro… El silencio inmutable sobre el que se producen todas las voces y sonidos… El velo invisible e intangible sobre el que se esbozan todos los cuerpos y formas físicas; y la superficie imperceptible en que se pintan todos los colores que captan ahora nuestros ojos.

Somos Vacío, somos Nada

Por consiguiente, el Ginnungagap sigue estando aquí ahora. Fue lo primero, pero jamás desapareció. En realidad, tampoco fue lo primero porque nunca llegó ni jamás se irá. Estaba y era, está y estará, es y será. En el espacio entre dos palabras, en el silencio entre conversaciones, en la pausa entre inspirar y espirar, en la presencia inmune a los vaivenes de la mente, detrás o delante del velo que cubre todo lo que percibimos… Porque nuestros sentidos se sostienen sobre este Vacío, y también nuestra identidad.

Cada uno de nosotros somos Ginnungagap.

Todos y cada uno somos lo mismo, Nada.

Y no me refiero a que lo seamos en lo más profundo de nuestro ser porque de ahí procedemos, no…

Lo somos ahora, aquí mismo, en este justo instante.

Jamás lo hemos dejado de ser.

Porque si no lo fuéramos, si nos desconectáramos de La Fuente, dejaríamos de existir.

El Ginnungagap es pura Eternidad, es la misma Existencia.

Lo mismo somos nosotros.

Y hasta que no lo apreciemos y reconozcamos,

el juego de la separación y su consecuente sufrimiento

se prolongarán vida tras vida, perpetuando nuestro lamento.

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