8. Estúpidas listas

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«Las listas nos atontan: nos dicen lo que es más bueno y lo que es más malo;
nos empujan a crear fantasías respecto a lo que vale o no la pena en este mundo.»

A los seres humanos nos encantan las listas… incluso a los inmortales, como los Eternos; o los Almastë, que son humanos pero sin ser del todo humanos. De los seres no humanos no puedo hablar, porque apenas he hablado con ellos.

Sé que la mayoría de enanos se desvanecieron, que los duendes de los bosques ya no se muestran en casi ningún bosque, y los jotuns… bien, de ellos es difícil poder incluso decir que les guste algo que nos sea el simple hecho de estar vivos. Los elfos oscuros quizás sí tengan cierto aprecio a ordenar cosas de menor a mayor, de otro modo no se entendería que hubieran tenido caudillos tan importantes como la Diosa Blanca. Sin embargo, es imposible hablar con ninguno de su especie en los tiempos que corren sin pagar por tu vida, sobretodo después de que juraran odio eterno al ser humano y optaran por regresar bajo tierra.

Estoy seguro de que cualquier ser mínimamente intelectual y escasamente espiritual gusta de hacer o conocer listas para ordenar su realidad, y poder después decidir dónde ubicarse a si mismo. De hecho, sin darme cuenta yo mismo he hecho ahora una improvisada lista de las distintas criaturas que he conocido a lo largo de mis vidas… por lo menos de las que recuerdo.

Lista de locos

Las listas nos sirven para ordenar o clasificar cosas, separándolas u organizándolas además en grupos para facilitar una mejor asimilación de la realidad que nos rodea. Las listas se pensaron para clarificar la verdad, pero se usan para alimentar y constituir una gran mentira.

Las listas nos separan, buscan dividirnos, alienarnos del resto con la excusa de facilitar nuestra descripción o identificación. Las listas nos controlan. Te obligan a distinguir, valorar y puntuar de acuerdo a criterios que ni siquiera tú conoces. Las listas nos atontan: nos dicen lo que es más bueno y lo que es más malo; y nos empujan a crear fantasías respecto a lo que vale o no la pena en este mundo.

Hay listas que nos hacen menos listos. Pero hay otras que, directamente, te matan. Sí, te matan… aunque seas inmortal, como es mi caso. Porque hay muchas maneras de morir sin dañar un cuerpo. La peor, para mi, asesinar la libertad.

Mi historia actual empieza con una lista. Con la lista; esa en que me apuntaron por mostrar una opinión distinta a la que ostentaba la mayoría. Me añadieron en esa lista antes incluso de descubrir que no aparecía en sus omnipresentes listas de nombres. Una lista fruto del temor que posee el sistema. En la que se me tachó de loco y de peligro para la sociedad. Y solo por un simple motivo: contar la verdad… Reconocer que yo, lamentablemente, no podía morir.

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