5. Una propuesta, una mentira, una leyenda

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«Cuántas más verdades imposibles lee e incorpora la humanidad, más mentiras improbables e inexplicables dejan de serlo»

Fue otro loco con piel de cuerdo quien me aconsejó empezar a escribir aquí y no en apuntes o libretas propias. La idea era compartir, y hacerlo rápido, de modo que fuera espontáneo y no diera opción al propio descrédito o arrepentimiento. Redactar en privado ideas y cavilaciones permite demasiado a menudo revisar dichas líneas y falsearlas antes de que lleguen a nadie… ¿O acaso alguien se cree que un libro no ha pasado por veinte manos distintas antes de llegar al lector curioso que cree estarlo descubriendo por vez primera?

¿Por qué hacerlo en un blog, y no en un libro? Pues porque el blog es instantáneo… y eterno al mismo tiempo. Y un libro es… se puede quemar, dejémoslo ahí. Lo cierto es que sigo prefiriendo el bolígrafo o el lápiz a estas frías y duras teclas, pero bueno, también preferí el cincel y la pluma, y al final terminé acostumbrándome a la modernidad. La forzosa adaptación a todo tipo de cambios y modas es una de las cosas buenas de la inmortalidad. Quizás la única.

Lo cierto es que si escogí un blog fue porque él me animó a hacerlo. Yo ni siquiera sabía lo que era esto… Además, la idea era hacerlo lo más real y directo posible, con la condición añadida de tener que compartirlo con el mundo. ¿Por qué compartirlo? Pues por una sencilla razón: cada vez que alguien lo leyera, alguien se contagiaría de una verdad que, de otro modo, jamás alcanzaría a nadie. Aquí no hay intermediarios, aquí no hay esperas, aquí no hay límites… Bien, siempre hay límites, aunque también la creencia de que hay límites tiene sus propios límites.

Que alguien lea estas palabras no significa que las crea, por supuesto que no. Que alguien las lea tampoco asegura que las entienda. De hecho, ni siquiera es garantía de que las recuerde… Pero el simple hecho de leerlas brinda realidad a lo que sugieren, y repercute, aunque parezca imposible, en dar veracidad a mi testimonio.

Mi verdad no tiene por qué ser tu verdad. Puede significar, para ti, una gran mentira. Así como mis mentiras quizás simbolicen importantes verdades para alguien con una vida como la tuya. Sin embargo, cuántas más verdades imposibles lee e incorpora la humanidad, más mentiras improbables e inexplicables dejan de serlo. Lo que quiero decir es que, aunque mi historia no dependa de tu crédito, ni la escriba para tus oídos, es a través de ti que se convertirá en incuestionable realidad. Yo sé que es cierta, pero tú aún lo dudas. Leerla no hará que dejes de dudar, pero sí que logrará que la empieces a considerar posible. Y eso, amigo o amiga, es abrirse a confiar en lo imposible.

Dicen que una mentira se convierte en verdad al repetirla lo suficiente. Yo digo que una verdad increíble se convierte en creíble por el mero hecho de leerla una sola vez. Nuestra imaginación tiene mucho que ver en esa construcción de realidades que consideramos plausibles. Nuestras creencias terminan de cerrar el trato. Sí, algunos lo llaman locura… pero yo prefiero llamarlo apertura mental.

Mentiras y verdades, ¿no es acaso toda la historia humana la bendita mentira de unos ganadores que ocultaron la maldita verdad de aquellos que perdieron? No, los que perdieron ni siquiera pudieron contar su verdad… Pero incluso dudar de la mentira oficial da vida a la verdad que jamás se contará. Así es como escribimos sucesos y creamos realidad. Así, las historias que inventamos ayer terminan gestando las creencias que nos contamos ahora; las creencias que nos limitan ahora… Del mismo modo derrocamos modas y levantamos mitos. Incluso las verdades más impactantes del pasado, a costa de repetirlas y glorificarlas por demasiado tiempo, terminan llamándose leyendas y dejan de parecernos reales: es el mismo mundo que antes las veneraba que ahora vuelve a dudar de su veracidad.

¿Quién nos dice entonces que la incuestionable historia de la humanidad de hoy no se convierta en la fraudulenta leyenda del mañana?

¿Quién te garantiza pues que este testimonio fruto de los desvaríos de un loco, no sea mañana la crónica del primer inmortal que recordaba que lo era?

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