4. Lo que (no) sé

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«Hay quimeras que mantienen entretenida a la humanidad desde que es humanidad, y no seré yo quien me oponga a ello»

Hay muchas cosas que sé, y algunas que todavía no sé. Incluso las hay que no sé que no sé, y otras que creo saber pero, en realidad, ignoro. Como todo el mundo, diréis, ¿no es cierto? Sí, es cierto. La inmortalidad aquí sirve de poco… Como mucho te ofrece más tiempo para seguir poniendo en juego la arrogancia que cree saberlo todo para luego, una vez tras otra, descubrir que no sabe nada. Eso mismo me ha ocurrido a mi tantas y tantas veces que he perdido ya la cuenta… Cuantos más años vive uno, más oportunidades de equivocarse creyendo erradamente que ha descubierto el sentido de vivir. Y ni siquiera la muerte ofrece sentido a quienes afirman conocerlo de antemano.

Hay muchas cosas que sé, y seguramente muchas otras, la mayoría, que todavía ignoro. Pero últimamente he descubierto algo que, aunque pueda parecer insólito, no había comprendido durante mis anteriores doce vidas: el conocimiento no sirve. Bien, está claro que para algo sí que sirve… Pero no tiene una utilidad que beneficie internamente a quien lo ostenta. Que en esencia es paja, vaya.

Hay muchas cosas que ignoro, y otras que sé que preferiría ignorar. Aunque diga que soy inmortal, yo ya he muerto… Como todos vosotros, claro, pero yo lo recuerdo a la perfección. Por eso afirmo conocer secretos por los que muchos matarían, o haber desentrañado enigmas o descubierto misterios que ocupan la vida de muchos de vuestros buscadores e investigadores. Sin embargo, y una vez más, saber todo eso no me ha servido para nada importante. Pura acumulación de datos que no conducen ni a la felicidad, ni revierten en mayor plenitud o brindan satisfacción duradera.

Hay muchas cosas que sé pero que he olvidado, pero hay una que sé que me conviene recordar. Los datos ocupan tu mente con información que sirve para entretener tu atención, desviándola del corazón para anclarla al pensamiento. Y nadie que haya desatendido su corazón hallará jamás paz en su alma. Creédme, sé de lo que hablo: por eso me identifico todavía como Alma Muerta.

Hay muchas cosas que ignoro, que sé que ignoro aunque el resto del mundo piense que son cosas que todo el mundo sabe. Y varias de esas cosas las sé porque las experimenté en mi propia piel… no en ésta de ahora, no, pero esas arrugas eran mías cuando descubrí lo que ahora os cuento. La gente escucha y entiende lo que le apetece escuchar y entender. Si le digo y repito y grito cien veces a alguien que es hermoso, pero éste prefiere desconfiar de mi palabra, es él quien decide interpretar libremente mi mensaje para convencerse una vez más de lo que ya estaba convencido.

Del mismo modo, sostener que el conocimiento no sirve de nada sé, de primera mano, que no le servirá de nada a aquellos que escuchen dicho mensaje y prefieran continuar indagando misterios y persiguiendo respuestas. Hay quimeras que mantienen entretenida a la humanidad desde que es humanidad, y no seré yo quien me oponga a ello; la libertad de la humanidad que desea mantenerse ciega merece mi respeto. Así como yo trato de respetarme a mi mismo por todos esos engaños que me infringí a mi mismo mientras quise seguir permaneciendo ciego.

No os equivoquéis entonces, por favor. Mi mensaje no pretende aleccionar ni aconsejar a nadie, ni siquiera busca ahorrar experiencias de vida a aquellos que llevan vidas malgastadas tratando de repetir constantemente los mismos patrones que los mantuvieron, ayer como hoy, aquí anclados. Mis palabras tan solo pretenden dar voz a un Alma Muerta que hace ya un tiempo que dejó de expresarse… No por miedo ni vergüenza, sino por puro hastío. Mis palabras buscan mi expresión, y no tu comprensión. Si, por el camino, se da la comunicación contigo, perfecto. Si no, por lo menos habrán servido para comunicarme conmigo mismo.

Porque hay muchas cosas que sé y otras muchas que ignoro. Pero solo hay una cosa que todavía me pienso que sé, pero aún ignoro que ignoro: tú y yo somos el mismo ser. Mi voz es la tuya, así como tu silencio también es mío. Del mismo modo, tu decisión de escuchar o tu libertad de no hacerlo, me empujan a revivir que quizás soy yo el que decido escucharme o ignorarme. Esta es la verdad que con certeza ignoro… y aun así, sé que es real incluso creyéndola falsa.

Hay otra cosa, además, que ignoraba hace una semana pero que ahora sé con suma certeza. Se trata de lo útil que es contarte a ti mismo lo que tú piensas sobre quién crees ser. Si llega a otros, será genial… pero la voluntad es que llegue hasta mi hondo espíritu; aquél que un día resquebrajé para matar la integridad de mi alma con deseos y miedos que todavía hoy me atormentan.

Y algo más: hace unas semanas creía estar solo… Ignoraba que hay otros que, aunque distintos a mi, son capaces de comprenderme. Y que yo puedo incluso compartir lo que sé y no sé con ellos, sin miedo a que me traten de loco. Aunque eso quizás se deba a que ellos, como yo, también fueron señalados como locos. Porque quizás ambos somos locos que nos hemos buscado para digerir mejor nuestra locura en un mundo demasiado cuerdo.

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