39. Confinados

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«Si los de fuera creen enloquecer por pasar un par de semanas sin salir al exterior,
¿no significará que la locura también está presente en ellos?»

Llevo diez años confinado, así que comprended que no me angustie demasiado la idea de que todo el mundo viva por unos meses lo que llevamos años viviendo nosotros. Estar encerrado no es tan malo… sobre todo ahora que sé que no somos los únicos.

No mentiré si os comparto el sutil placer que siento al ver la locura generalizada que está padeciendo medio mundo ante la perspectiva de quedarse encerrados en su casas. Quizás estén tan ocupados en sus quejas que no piensen que el otro medio mundo ni siquiera tiene casas…

En todo caso, esta situación podría servir para muchas cosas: aunque para ello habría que querer sacar algo de provecho, en lugar de usarla para victimizarnos y seguir criticando al prójimo.

Queja o aprendizaje

Para empezar, podría arrojar luz sobre la forma en que todavía hoy tratamos a la gente que está encerrada conmigo. Si los de fuera creen enloquecer por pasar un par de semanas sin salir al exterior, ¿no significará que la locura también está presente en ellos? ¿Y no tendrá algo que ver el incremento de este tipo de pensamientos dementes y delirantes con el encierro que perciben sus consciencias?

Ahora pensad en las personas que llevan aquí diez o más años encerrados conmigo… Seguro que muchos de ellos tan solo tenían problemas concretos cuando llegaron: heridas emocionales, conflictos mentales, desequilibrios del alma… Quizás simplemente no supieron cómo ayudarlos a sanar. Nadie tuvo idea de cómo acompañarlos. Y decidieron encerrarlos para que no dieran problemas.

La locura y el estigma que ahora padecen es resultado del encierro, y no la causa de ello. ¿Cómo estarían sino todos esos que ahora se quejan, si los obligaran a permanecer en esas mismas casas, que aborrecen después de tres días, durante meses o años? Ya os lo digo yo: locos.

¿Dos semanas?

El confinamiento ha empezado, y dicen que se prolongará por dos semanas. Y viendo ahora mismo las reacciones que salen por la televisión, dudo que se atrevan a prolongarlo por más tiempo. De otro modo, quizás no encontraran manicomios suficientes para ocultar a tanta gente…

Veremos lo que ocurre, pero por ahora puedo dar fe de una cosa: yo, al contrario que mucha gente, estoy hoy muy contento. No por el sufrimiento ajeno, no me malinterpretéis. Sino por la constatación de un hecho: la locura es general, y pertenece al mundo entero. La única diferencia es la libertad que posee cada individuo para salir de casa y escapar de esa locura, o sentirse forzado a permanecer encerrado con ella.

Libertad de elección

E incluso así, también nosotros tenemos un atisbo de libertad personal para poder escapar de nosotros mismos: por suerte o por desgracia, la misma mente que nos enferma es nuestra mayor aliada. Sea a través de la memoria o la imaginación, nos abre la puerta para escapar de nuestras actuales vidas. Viajar al futuro o trasladarse siglos atrás es el más digno derecho humano cuando otros humanos te han arrebatado el resto de derechos.

Un solo instante es suficiente para ejercer ese derecho, sin importar si provienes de una eternidad careciendo de ellos… Puesto que, más allá de cualquier esclavitud existencial, mía es la libertad mental que me pertenece aquí y ahora. Y yo elijo hacer uso vital de ella en este momento real.

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