36. Nueva Etapa

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«Cuando me mataron… mataron también la fantasía de ser alguien concreto.
Y es que todo se desmoronó al regresar yo de donde se supone que nadie regresa»

Desde que escribo sobre mi primera vida me siento más conectado con todo lo que me rodea… Creo que desde antes de morir y renacer que no me percibía tan ubicado. Ni tampoco tan centrado en mi.

Cuando estuve en la calle me notaba perdido, pero siempre supe cuál era mi mundo. Me reconocía bajo un nombre propio y una vida particular, lastimosa pero particular. A fin de cuentas, aunque me detestara a mi mismo, creía saber quién era yo.

Luego, cuando fui acogido por Lourdes, dejé de pelearme con el mundo. Volví a identificarme con un hogar, e incluso con una familia… Quizás no quisiera relacionarme con seres humanos, pero, por primera vez en años volvía a sentirme hermanado con ellos. Cuando Dora me abrió su mundo y Liliane me mostró sus secretos, pude estar al fin en paz con la humanidad. Y mientras ejercí como bibliotecario fue como si hubiera recuperado una vida digna: tenía un papel en el mundo y un sentido por el cual vivir.

Pero cuando me mataron… mataron también la fantasía de ser alguien concreto.

Aquel alguien que había creído ser hasta entonces comenzó a desquebrajarse. Me asesinaron a mi y a mi mundo. Lo mataron todo al cargarse la idea que vertebra nuestras vidas desde que nacemos: la muerte es el final, y de allí nadie regresa. Con ello caerían los principios de cómo se vive, las leyes de la física, los planteamientos de la filosofía, las teorías de la ciencia y los dogmas de la teología. Todo se desmoronó al regresar yo de donde se supone que nadie regresa.

Había muerto mi cuerpo, pero todavía no mi persona. Eric Lleiva continuaba allí, aunque viéndose desaparecer poco a poco. El primer paso de mi muerte como identidad separada comenzó entonces… Sucedió tan pronto me levanté y me repuse de mi renacimiento.

Al recordar lo que me había ocurrido, sentí mucho miedo; tanto que ni siquiera recapacité sobre mi situación… Jamás he sido una persona impulsiva, pero aquel día actué por instinto. Me dejé llevar, el miedo tomó mi mano y fue él quien me guió.

Ni siquiera pensé en qué contaría cuando mis temblorosas piernas me trasladaran a la comisaría más cercana. El pánico ocupaba toda mi mente, ni un espacio de atención quedaba disponible para razonar acerca de lo que estaba haciendo. Ni una idea respecto a cómo iba a explicar por qué no tenía heridas si acababan de asesinarme…

Por supuesto que no iba a plantarme delante de un policía para presentarme como víctima de un asesinato… ¿Pero qué iba a hacer entonces? ¿Qué pretendía denunciar exactamente?

Si lo hubiera planeado antes… Puede que así hubiera evitado el bochorno y la vergüenza que sentí.

Y quizás me hubiera ahorrado además que el sistema me fichara.

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