30. A la luz de la vela

«Por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen».

Tú eres muchas personas. Y no digo que has sido muchas personas, porque no estoy haciendo referencia al pasado. No hablo de otras vidas, sino de todas las identidades de esas vidas confluyendo en la actual. Así es cómo funciona: somos todas esas vidas en este mismo momento… solo que no queremos recordarlo. Creemos que enloqueceríamos. Y llamamos locos a aquellos que dicen experimentar esa sensación.

A la luz de la vela, mirándote en un espejo, puedes comprobar de qué manera tu rostro cambia y te recuerda otros rostros que has sido y tu inconsciente, ayudado por la sombra crepuscular que proyecta la danzante llama, aún asocia contigo. Tu inconsciente todavía mantiene ciertos hilos de memoria vinculados a su idea de identidad. Algunos dirán que es un falso espejismo de la mente… pero yo afirmo que la mente, por si misma, ya es un espejismo que se sustenta por la falsedad.

Hay locos que aseguran ser Dios, o Jesucristo, o Michael Jackson… o quién sea, qué más da. Da igual lo que creas, o lo que piensen todos los psicólogos y psiquiatras del mundo… Si ellos lo creen, ellos lo son. ¿Quién soy yo para juzgar lo contrario?

La división y fraccionamiento del Cosmos en su ampliación de eso que llamamos Universo, también lo es de la Consciencia Primaria, por lo que quizás todos ellos fueron Jesús en esa otra vida. ¿O acaso no hay cada vez más cuerpos humanos y almas habitando este planeta? Quizás algunos de esos espíritus converjan en sus memorias de vidas anteriores…, ¿por qué no?

Yo, por ejemplo, sé que llegué después a este planeta; en el 1126 d C., por lo que jamás podría afirmar que fui Jesucristo. Sí que puedo, sin embargo (y de hecho lo hago sin avergonzarme), garantizar que fui alguien quizás no tan conocido… pero no por eso menos singular. No es que lo piense o lo crea, no se trata de un pensamiento o un delirio. Lo sé… simple y llanamente. Es por ello que sigo aquí encerrado, porque sostener mi verdad hace peligrar la estructura de mentiras que se cuentan quienes me retienen.

Mi primer nombre, o el primero que recuerdo que usaron en mi, fue Werfal… Y la historia de mi primera vida es también el relato de cómo se conformó mi primera identidad; fundamento todavía hoy sobre el que se construyen mis siguientes doce identidades. Werfal sigue siendo el eco lejano con el que aún me identifico, aunque dicho nombre fuera tan falso como el que ahora empleo… Sin embargo, siempre será mi primera identidad como ente consciente y separado.

La identidad de un ser humano que creció y se crio sin conocer a sus padres…

Una pesadilla de un ser que se creyó solo en el mundo.

El sueño de un huérfano.

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