3. Estoy convencido

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«Estoy convencido de que nuestra vida cambia, cuando nosotros nos sentimos verdaderamente dispuestos a ello»

Estoy convencido de muy pocas cosas. Ya que la mayoría de certezas de mi vida lo fueron hasta que demostraron ser falsas.

Estoy convencido, por ejemplo, de que existe la inmortalidad. Yo soy la prueba inmortal de ello. Y de que tú y yo no es la primera vez que nacemos, ya que antes de este cuerpo hubo otros que también nos brindaron la ilusión de una identidad fija con la que experimentar una vida separada.

Estoy convencido, también, de que una misma vida puede ser deplorablemente larga o satisfactoriamente corta. Y que de un instante al siguiente puede darse el cambio entre una y otra opción.

Estoy convencido de que los puntos de inflexión que rompen la propia vida y la transforman son consecuencia de las decisiones de aquél que la vive y sufre o la vive y disfruta. Y, sin embargo, aquél que decide muy a menudo ni siquiera es consciente de estar eligiendo cómo quiere vivir su propia vida. Piensa que es esclavo de impulsos y títere de acontecimientos. Porque es la parte dormida y ciega de su alma la que elige, y la mayoría todavía estamos discutiendo o negando que exista un alma dentro nuestro… ¿cómo asumir pues que ésta, además, se componga de distintos fragmentos? Si estamos tan dormidos como para preferir cegarnos cuestionando la existencia del propio espíritu, ¿cómo podríamos apreciar que incluso ese alma tiene un lado dormido y ciego? Muy fácil y difícil al mismo tiempo: convenciéndonos de ello.

Estoy convencido de que nuestra vida cambia, cuando nosotros nos sentimos verdaderamente dispuestos a ello. Pero para ello hay que disponer tanto la parte dormida como la despierta, y elegirlo abrazado a ellas y sus contradicciones.

Estoy convencido de que ese momento llega cuando uno toma la decisión internamente de que llegue, que paradógicamente suele coincidir con el momento en que uno menos lo espera. Convencidos de que es posible, y convencidos de que queremos que sea posible.

Y yo, hoy, aquí y ahora, estoy convencido de que ese momento me ha llegado. Que llevo más de ochocientos años esperando únicamente a darme este permiso, casi nueve siglos aguardando en letargo el instante propicio para despertar de nuevo.

Estoy convencido de muy pocas cosas. Pero hay una de ellas que me sigue convenciendo momento a momento: convencerse de que uno es esclavo del sistema es convencerse de que uno ya ha muerto.

De esto estoy plenamente convencido…

Todo lo demás, simplemente varía entre lo que pienso que sé o no sé.

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