25. Nuevo Matamentes

«Me estaba volviendo loco. Y eran aquellos que supuestamente se encargaban de curar
mi locura, los que estaban consiguiendo ahogarme en ella…»

Oskar… ay, Oskar… Hoy voy a hablar de ti.

Lo cierto es que cuando entró en el hospital no me causó buena impresión. Es normal teniendo en cuenta que, para entonces, él pertenecía al enemigo: lo presentaron como el nuevo psiquiatra, experto en tratar todo tipo de esquizofrenias, aunque su juventud y el porte despreocupado que gastaba le daban un aspecto poco habitual entre sus iguales. Primero pensé que se trataba de otro paciente, y cuando supe quién era, pensé que ya habían caído las vendas y comenzaban a aceptar que estaban peor ellos que nosotros.

Hace ya casi un año, y todavía lo recuerdo como si hubiera ocurrido en el último mes… Cuando uno recuerda trece vidas distintas arremolinadas dentro del cajón de la memoria, y además se sabe inmortal, incluso diez años de una vida lenta y aburrida parecen poco más que un suspiro.

Fue en noviembre del año pasado. Yo, después de nueve años y medio encerrado y empastillado, empezaba al fin a ceder a tan invasiva forma de domarme y someterme. En otras palabras, me estaba volviendo loco. Sí, y eran aquellos que supuestamente se encargaban de curar mi locura, los que estaban consiguiendo ahogarme en ella… Entonces, llegó él. Quizás fuera uno de los nuevos fichajes que le prometieron a Willy desde el hospital, después de su reembolso de dinero a pesar de la muerte de Nico… O quizás llegara por otra razón. No lo sé, la verdad.

Lo que sé es que no fue por pura casualidad. Es lo que tiene recordar haber sido una docena de personajes que creyeron ciegamente en dioses vengativos, azares maliciosos o sistemas perniciosos para acabar asumiendo que nada de eso existía… Que siempre hay un hilo uniéndolo todo, llamadlo destino, sincronías o ley de atracción, qué sé yo.

Lo cierto es que Oskar no llegó a esta cárcel porque sí; puede que él lo ignorara pero su presencia iba a cambiar muchas cosas en este lugar. Quizás no fuera el libertador que algunos querrían, pues no rompió cadenas ni echó puertas abajo en nombre de la libertad; pero sin duda fue la llave que terminó abriendo la mentalidad de todos cuantos trabajan hoy aquí.

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