14. La traición de la Rosa

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«Me postré ante la vida, me ofrecí al amor, sin piel, sin límites ni barreras.
Me arriesgué y eso me condujo a estar hoy ingresado aquí.»

A decir verdad, también yo traté de luchar contra el sistema incontables veces. También yo fui ingenuo, y quizás también inconsciente… Siempre lo he sido, ¡para qué engañarnos! Y eso que conservo memoria de mis otras doce vidas, por lo que un error de este calibre resulta casi insultante. Pero no fue mi ingenuidad el problema, ni tampoco mi beligerante paranoia contra el sistema y sus espías… no, mi problema devino de la inconsciente búsqueda de afecto que pretendía colmar por medio de todo ello.

Compartí mi sentir, mis deseos y temores más recónditos, y abrí mi corazón a alguien demasiado cercano para pensar que, en realidad, su miedo lo iba a llevar tan lejos de mi. Fui ingenuo, pero no pude hacer otra cosa. Alcancé el punto en que, o amaba y me entregaba, o, una vez más, me dejaba dominar por mi propio miedo para evitar lo que me terminó ocurriendo. Mi ingenuidad fue amor, el deseo de permitirme amar sin reservas… y hoy todavía lucho para no convertir ese acto en una demostración de que el miedo es más fuerte que el amor.

Ese salto de fe, ese acto de confianza, me ha llevado a aquí. Disponerme a exponer mi vulnerabilidad, entregarme a la honestidad y rendirme a ser yo mismo. Me postré ante la vida, me ofrecí al amor, descarnado, sin piel, sin límites ni barreras. Sin corazas. Me desprotegí desarmado, me regalé indefenso, me permití amar inofensivo y tierno, sin trucos ni juegos… Me arriesgué y eso me condujo a estar hoy ingresado aquí.

Traición o lección

¿Me equivoqué? Aún no lo sé…

Me sentí traicionado, claro… ¿pero no se sentiría igual una rosa ante una tormenta cuando, obsesionada con sus pétalos, teme que el agua los estropee? La rosa podría molestarse si ignorara que misma lluvia que trae la tormenta es agua esencial para que nazcan nuevos y relucientes pétalos… ¿Y si me hubiera ocurrido lo mismo a mi? ¿Y si esa traición fuera, en realidad, agua para nutrir nuevas posibilidades… para brindar mayores frutos?

Me repito a diario que no fue una necedad imperdonable, ni tampoco una estupidez sin sentido que me ha privado de ser libre y me ha robado la poca confianza que tenía ya en la raza humana. Trato de convencerme de que, en realidad, lo que me ha ocurrido es otra lección que me acerca, un poco más cada día, al lugar al que pretendo llegar.

Necesito encontrarme… Esa es la única forma de permitirme partir. Y no hay nada más en este mundo que quiera más que eso: necesito morir, morir para siempre, y liberarme al fin de esta Alma Muerta que me impide desaparecer y olvidar.

Sin embargo, sé que desear mi muerte es el principal obstáculo para morir. Ya me lo dijo la pequeña Liliane: «mientras quieras morir demuestras que necesitas seguir viviendo… así como aquellos que se obsesionan en vivir, demuestran cuánto necesitan seguir muriendo«.

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