12. Movido por la Ingenuidad

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«Cuando te crees esclavo del sistema, juzgado por sus ideales
u oprimido por sus injusticias, te estás esclavizando a ti mismo.»

Yo nunca sentí que pudiera volar, pero sé que he ayudado a otros a que lo hicieran. Siempre les previne de cuidar sus palabras, de la importancia de confiar en la vida sin dejar de confiar en el propio instinto que te susurra “a éste sí, a éste no”. No es lo mismo ser confiado, que ser ingenuo. Confiar en ti o en el destino no está reñido con desconfiar de aquellos que no confían en nada excepto en el control.

Pero todos somos un poco ingenuos, y no hay nada malo en ello. Yo fui ingenuo al pensar que la muerte de Nico serviría para algo, y también lo fue Willy al creer que su donación cambiaría el funcionamiento de las cosas… ¡Las cosas no cambian por sí mismas!; sobre todo, cuando se trata de cosas cuya existencia depende de que todo permanezca igual, ya que si cambiaran desaparecerían…

Sí, es cierto: la ingenuidad quizás parezca conducirnos, a veces, a puntos muertos. Puede que aparente empujarnos a cierta inmovilidad, a creer que no sirvió para nada. Que fuimos estúpidos, unos ilusos, y ahora seguimos igual que antes: paralizados en el mismo bucle.

Sin embargo, no hay nada que nos mueva más… porque la ingenuidad alimenta la confianza. Y nada nos moviliza tanto por dentro como confiar en que todo, aunque simule lo contrario, sirve para algo. Que nos sirve, además, a nosotros. Más tarde o más temprano todo regresa. La obra de Nico fue útil para sí mismo, y la generosidad de Willy le sirvió a él más que a nadie en este mundo. Y ambos actos de ingenuidad me sirvieron a mi porque me conmovieron el alma… Esa que siente y padece aunque siga estando muerta.

A pesar de ello, demasiado a menudo, a ojos del mundo, consideramos que ser ingenuo es ser estúpido. Puesto que, a simple vista, confiar equivale a que te engañen, te mientan o te traicionen… Así lo sienten muchos aquí.

Lugares como éste en el que ahora me han encerrado están repletos de personas ingenuas cuya profunda inocencia no les permitió calibrar hasta qué punto es apropiado hablar y qué cosas es mejor guardarse para uno mismo. Sin embargo, no es justo referirse solo a ingenuos… porque lo cierto es que la mayoría son también gente inconsciente; inconscientes de su grandeza, por supuesto. Lo que, al mezclarse con su comprensible búsqueda de aprobación, a menudo los lleva a sentirse presos de su verborrea, sus impulsos y el descontrol. A creerse esclavos del sistema.

Ese es el auténtico problema: no la ingenuidad o la estupidez, ni la búsqueda de aprobación o la desconfianza, ni siquiera la inconsciencia de todas esas cosas o de uno mismo… El auténtico problema aquí es que cuando te crees esclavo del sistema, juzgado por sus ideales u oprimido por sus injusticias, te estás esclavizando a ti mismo.

Porque uno se encadena al mundo cuando pretende luchar contra él y sus infinitas tragedias.

… Y se convierte en esclavo cuando empieza a pelear por su libertad.

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